Ricardo Reilly Salaverri
Un hombre vendía en la calle cangrejos al público, según rezaba una pizarra artesanal a su frente, los que estaban contenidos en dos recipientes. Pasó una persona interesada en comprarle el producto y le preguntó, con curiosidad, por qué razón tenía a unos cangrejos en un tacho tapado en su boca con una malla y a otros en uno destapado. El vendedor le dijo que obedecía a una razón muy simple. Unos cangrejos, los del tacho tapado, eran importados de Japón y los otros, los del tacho destapado, eran de origen uruguayo.
A los de Japón -dijo- si no les pongo la malla, se empiezan a trepar uno arriba del otro y el que sube ayuda a los demás. Y si no les tapo la salida se me escapan. En cambio los uruguayos, no precisan tapa -agregó- cuando uno empieza a subir, enseguida vienen otros y lo tiran abajo.
Este relato es usado habitualmente para describir cómo funciona la envidia, a la que Napoleón aludía como expresión de quien padece un sentimiento de inferioridad. Y, este sentimiento es el que inspira al gobierno actual y la prédica y actitud permanente del Frente Amplio y sus organizaciones sindicales y estudiantiles. Seguramente hay gente alineada en el conglomerado mencionado que, merced a sus experiencias, tiene otros razonados argumentos para apoyar tal alineamiento partidario. No obstante, toda la acción de aquel conglomerado político y de sus manifestaciones sindicales y estudiantiles, se asientan esencialmente en el resentimiento.
Basta escuchar los latiguillos constantes del Presidente contra los ricos (categoría que comprende a cualquiera que con el sudor de su frente tenga apenas un buen pasar) y contra los oligarcas que van a los "yopins", promoviendo un resentimiento social que se corta en el aire. Basta también con mirar lo que han hecho para igualar para abajo, bajo la égida de Vázquez y la omnipresencia de Astori y "el equipo económico", con el IRPF contra los ingresos brutos por salarios, honorarios profesionales y jubilaciones. Basta, si no, con atender al monstruo burocrático y soviético ya fracasado y deficiente del Fonasa; al hundimiento total de la educación (demolición llevada adelante por sindicatos alentados desde la mísmisima izquierda). Y, abreviando, por no seguir contando cuentas de un rosario que todos conocemos, a la inseguridad pública, que no es sensación térmica sino gente rapiñada y asesinada todos los días, en el marco de un gobierno que ha perdido totalmente el ejercicio adecuado de la autoridad, facultad que le es absolutamente privativa.
El Presidente de la República ha visitado Noruega, Suecia y Alemania. Son parte de los países que tienen el desarrollo económico y el mejor bienestar social del planeta. Secularmente han tenido políticas económicas y tributarias estables, diálogo y paz social entre empresarios y trabajadores, y servicios públicos en educación y salud impecables. Alemania fue destruida por la Segunda Guerra Mundial y Noruega y Suecia hacia el 1900 tenían una renta per cápita similar a la uruguaya. Nos quedamos. En la lucha de clases y las soluciones gubernamentales ideológicas. Con un gato socialista, en vez de con uno que cace ratones.