Cambio de viento en el debate sobre la educación

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por Martín Aguirre

No hay términos medios. El debate actual sobre la educación reconcilia con la política o hace hervir la sangre de indignación. La comparecencia el martes al Parlamento de las autoridades del área, que a instancias del senador Larrañaga analizaron con la oposición posibles cambios al sistema actual, representa una señal trascendente. Un gesto que, si bien quedó opacado por el aldeano episodio de la gaffe del expresidente Vázquez, implica un cambio de rumbo nada menor para el gobierno y una apuesta política de consecuencias serias a futuro.

"La enseñanza, hoy es una fábrica de exclusión", fue la frase con la que abrió el debate el senador Larrañaga. La respuesta del ministro Ehrlich fue clara: "Es hora de cambios necesarios e impostergables". El encuentro culminó con un resultado concreto: el acuerdo para que las autoridades en 45 días presenten una agenda definida de cambios para la educación.

Pero aún más removedor fue lo que sucedió previo al debate. En el seno del Codicen hubo cuestionamientos al encuentro con la oposición por parte de representantes gremiales. Incluso la consejera Nora Castro dijo que no apoyaría un acuerdo que implicara a los partidos políticos. Sin embargo una acción firme del presidente Mujica pareció mostrar que esta vez el gobierno estaría dispuesto a hundir el bisturí en el problema.

Es que de un tiempo a esta parte son cada vez más los actores políticos que admiten que esa área necesita cambios. Las cifras resultan ya agraviantes. Solo el 32,6% de los uruguayos culmina Secundaria (contra el 76,3% en Chile y el 64,1% en Perú). El 43% de los alumnos de Montevideo repite el primer año de liceo. Y cuando se separa por sectores económicos, las cifras son todavía más chocantes. Entre los más pobres solo el 37,5% culmina la educación media básica y apenas el 8% la superior. Es claro que la educación pública, histórico sistema de integración social en Uruguay, no está cumpliendo su función. Una encuesta reciente mostró que el 61% de los uruguayos cree que la enseñanza secundaria empeoró en los últimos 10 años.

Tal vez lo más llamativo sea que este desolador panorama actual ocurre tras siete años de gobierno del FA, en el que se han cumplido muchos de los postulados históricos que se afirmaba eran causa de la decadencia de la enseñanza pública en el país. Los recursos económicos han aumentado de manera importante, y la última reforma educativa dio a los docentes amplísimas potestades de cogobierno. Y sin embargo la cosa, lejos de mejorar, sigue empeorando.

Por esta razón han comenzado a escucharse voces en el propio oficialismo que reclaman cambios drásticos. Quizá la primera fue la de la exjerarca del Codicen, Graciela Bianchi, que renunció a su puesto denunciando un clima de sectarismo asfixiante y un rumbo de tolerancia con la mediocridad y falta de resultados. Incluso dijo que "el problema en la educación no es de dinero, sino de capacidad para gestionarlo". Lentamente las voces en el Frente se han alineado con esa tesitura. Primero el vicepresidente Astori, que apoyó a Bianchi en su choque con los gremios que pretendieron defenestrarla. Y más recientemente importantes dirigentes como el senador Couriel, que en un artículo de prensa reconoció la crisis y apoyó un acuerdo político para enfrentarla.

¿Qué se opone a los cambios? Primeramente los gremios de la enseñanza, a quienes la última reforma (apoyada por muchos que hoy la condenan) dio tales postestades, que ahora es casi imposible hacer reformas sin su apoyo. Su punto de vista suele pecar de tal agresividad y radicalismo (han acusado de golpistas a sus críticos y han sugerido abandonar las evaluaciones internacionales que nos dejan mal parados) que a veces es difícil leer cuáles son sus argumentos de fondo. Tal vez la única voz que los sigue representando es la de la senadora Constanza Moreira. Su postura es que el problema en realidad es socioeconómico, y que no se puede mejorar la enseñanza en tanto no se mejore la situación social del país. Además denuncia intenciones "politiqueras" en quienes critican el estado de la enseñanza. La realidad parece mostrar que si dirigentes de todos los partidos están tan preocupados por el tema, es porque la gente se lo exige. A menos que se piense que la sociedad tiene tan poca inteligencia que corre detrás de lo que le dicen políticos y medios de comunicación.

En ese sentido es evidente que este debate actual tendrá efectos políticos. Por un lado, quien hizo la apuesta más fuerte es el senador Larrañaga, que con su postura negociadora con el gobierno ha arriesgado mucho de su capital político. Si con esta acción logra cambios visibles en un tema tan sensible a la ciudadanía, se anotará puntos vitales. Por otro lado están los dirigentes colorados y del herrerismo quienes creen que el sistema actual no tiene arreglo y que hay que empezar de cero. Si con este movimiento no hay mejoras, su postura saldrá fortalecida.

Y por último está el oficialismo. Cuando un porcentaje tan alto de la sociedad asume que el estado actual de la educación es malo, cuando se han dado tantas concesiones a los gremios, y no se ven resultados, el fracaso de una postura negociadora moderada como la que impulsa Larrañaga lo mostrará como rehén de los radicales que manejan el poder educativo. Y como muestra cada elección, ese es un sector que tiene ínfima representatividad en la sociedad uruguaya.

La frase.

"La enseñanza, hoy es una fábrica de exclusión con pérdida de oportunidades para numerosos estudiantes". (J. Larrañaga)

La frase II

"Hay formas de corporativismo que es ineludible modificar para concretar innovaciones imprescindibles en el sistema educativo". (A. Couriel)

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