MIAMI | AFP
En busca de las oportunidades y la buena fortuna que siempre prometió América, miles de emprendedores italianos han llegado a Estados Unidos para apostar al mercado del lujo que tiene su mejor nicho entre los latinoamericanos ricos de Miami.
"Lo mejor de Miami es que está muy cerca de Estados Unidos", bromea Tommaso Cardana, un distribuidor de artículos para cocina, que partió de la región de Verbania, en Italia, a estudiar en el instituto de administración IESA en Venezuela y terminó en Miami. Llegó el 12 de octubre de 2000.
"Me quise hacer el Cristóbal Colón", dice este emprendedor de 36 años cuya empresa, Tomson Hospitality Boutique, "creció mucho en los últimos cuatro años".
"Para mí la crisis no existió", dijo el distribuidor de vajilla y herramientas de cocina de marcas de prestigio, cuya demanda ha crecido debido a la explosión de restaurantes de alto nivel en Miami.
Durante esta década, los italianos -unos 20.000 en el Sur del Estado de Florida- se convirtieron en la comunidad europea de mayor crecimiento en esta región de Estados Unidos, donde emprendedores de entre 30 y 40 años lograron crear, mantener, afianzar e incluso crecer en sus negocios mientras el resto del mundo se ajustaba el cinturón.
"Pero no en América Latina", aclararon sonrientes.
Jóvenes. Otros más jóvenes, veinteañeros como Marcia, Piero y Fabrizio, son recién llegados y se emplean como meseros -la mayoría sin papeles- pero también buscan el "American Dream", dejando en su país algún título universitario.
"Graduarse no sirve para encontrar trabajo hoy en Italia", dijo Marcia, una chica de 24 años que dejó Roma hace cuatro meses y trabaja como anfitriona en un restaurante en Miami Beach.
La Marca. Los empresarios italianos coinciden en que la comunidad latinoamericana ha sido clave para comercializar el lujo "Made in Italy".
"Miami es su destino de compras y para amueblar sus hogares fuera de Estados Unidos, y aprecian el estilo y el diseño italiano", explicó Gianluca Fontani, presidente de la Cámara de Comercio Italo Americana del Sureste.
Giampiero Di Persia, presidente de Poltrona Frau Group Miami, tienda de muebles de diseño como Cassina y Cappellini, y donde un sofá puede costar hasta 30.000 dólares, afirma que la proliferación de negocios exclusivos obedece al fortalecimiento de las monedas en América Latina, especialmente en Brasil, México y Chile.
"También (se debe) a problemas políticos en países como Venezuela, que trajo a clases de alto poder adquisitivo" a Estados Unidos, dijo Di Persia, que abrirá a finales de mes el showroom más grande del mundo del grupo en el Miami Design District, una zona con galerías y negocios de vanguardia al que apostaron italianos hace más de una década.
Una pequeña Italia. En el corazón de Miami Beach escuchar italiano es tan común como oír a los cubanos en La Pequeña Habana, por lo que muchos consideran este barrio cerca del mar un "Little Italy" en ciernes.
Todos son la primera generación de su familia que llegan a buscar suerte, a diferencia de sus compatriotas en Nueva York o Chicago, que llegaron hace al menos medio siglo.
Graziano Sbroggio, es considerado uno de los pioneros de la peña italiana en Miami Beach: "Llegué sabiendo hablar solo italiano y haciendo de todo en un restaurante de un amigo", dijo este hombre de Treviso, que conocía el negocio de la cocina por sus padres y abuelos.
"Aquí aprendí otras cosas del negocio. Me gustó mucho el dinamismo, que hay lugar para las nuevas ideas", opinó Sbroggio, que en sus 40 años es dueño de Graspa Group, siete restaurantes y cafés con unos 450 empleados.
Sbroggio cuenta entre sus negocios con Segafredo Espresso, un punto en Lincoln Road que es la terraza más "in" de Miami.
"Pero el `American Dream` ya no existe como antes", aclara Luca Voltarel, gerente general y socio de Sbroggio en Segafredo, aunque afirma que "Miami es muy nueva y por eso hay mucho por hacer".
El chef Nicola Carro coincide con Voltarel, pero admite que "en Estados Unidos las cosas no están tan complicadas como en Italia".
Carro llegó en 2005 con su hermano gemelo Fabrizio, de 35 años, para trabajar en el exclusivo restaurante Quattro, y desde entonces el grupo ha abierto otros locales en Miami. "Y pronto abriremos Quattro en Ciudad de México", dice.
"Es un buen momento para ir a los mercados latinoamericanos", dijo Carro al lado del sous-chef de Quattro, Alex Portillo, "no solo el mejor cocinero de América, sino también quien me enseñó español, esencial para trabajar en Miami", dijo.
Regreso. "¿Volver a Italia? No, por ahora no", afirmó Greta Milani, una arquitecta de 36 años, esposa de Tommaso Cardana, que vive en Miami otro tipo de oportunidad: "ser madre de dos niñas y por fin realizar un proyecto de libros infantiles".
Milani publicó hace pocos meses "Coloring Balls", un cuento para niños ilustrado por ella que ha sido un éxito de ventas en Amazon.com.
"Lo que hemos logrado aquí en cinco años, en Italia toma una vida entera o generaciones de una familia", dice su marido.