BUENOS AIRES | LA NACIÓN/GDA
La elección presidencial que habrá dentro de una semana en Argentina no parece guardar muchos misterios, y los motivos por los que por ahora se va imponiendo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tampoco deparan sorpresas.
Según el sondeo de Poliarquía publicado esta semana, el 52% de los votantes de Cristina Kirchner la elegirán porque cree que hizo un buen gobierno. Bastante más abajo, el 10% admite que la votará principalmente por el crecimiento económico, y sólo entre un 2 y 3% la consagrará por su sensibilidad, su capacidad y preparación o porque confía en ella.
En cambio, el 21% de los que votarán a Hermes Binner, del Frente Amplio Progresista (FAP, socialismo), lo harán porque confía en él, y otro tanto porque le gustan sus propuestas. En tercer lugar, un 17% de sus simpatizantes dijo que lo elegirá para que haya un cambio, y el 9% porque sabe gobernar la provincia de Santa Fe.
El radical Ricardo Alfonsín, hijo del fallecido expresidente Raúl, candidato por la Unión para el Desarrollo Social (Udeso), está más identificado con el cambio que Binner. El 33% de los que lo respaldan lo hace confiado en que representará un cambio, el 19% porque es confiable y el 12% porque tiene buenas propuestas. Un 4% lo votará porque considera que es el menos malo.
Muy identificado con su gestión como gobernador de San Luis, en tanto, Alberto Rodríguez Saá (Compromiso Federal) tiene menos dispersas las razones de su voto. El 39% lo elegirá porque sabe gobernar su provincia, el 18% porque representa un cambio y el 10% porque tiene buenas propuestas.
El Frente Popular, del ex-presidente Eduardo Duhalde, muestra, por otra parte, un perfil parecido al de su rival peronista entre sus votantes. El 33% lo quiere para que haya un cambio, el 16% por su forma de gobernar y el 10% porque tiene experiencia.
Pero no todo está asociado con las cualidades personales o políticas de los candidatos. En esta elección particular, la mirada que cada uno tiene de la situación del país demuestra ser clave. "Entre los que creen que el país está mejor que un año atrás (48% de los encuestados) el 75% votará a la presidenta Kirchner. En cambio, los que creen que empeoró (el 19%) votarán mayoritariamente a Duhalde y a Rodríguez Saá", explicó Fabián Perechodnik, director de Poliarquía.
Alfonsín y Binner, por su parte, tienen mediciones más parejas tanto entre los que piensan que el país está igual que hace doce meses como entre los que creen que está peor.
¿Qué cambiará? Un 79% de los votantes argentinos, oficialistas o no, sostienen, según la encuesta de Poliarquía, que deben haber cambios en el gabinete. La primera pregunta pasa por el papel que desempeñará Amado Boudou desde la vicepresidencia, teniendo en cuenta que no piensa limitarse a hacer sonar la campanita del Senado. Su expectativa mínima sería influir en la designación de su sucesor en el Ministerio de Economía. Su delfín es el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino. La interna por la jefatura de Gabinete entre el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el de Comunicación, Juan Manuel Abal Medina sigue aún en boca de algunos, pese a que el primero habría sacado ventaja. Finalmente, el lugar del ministro de Planificación, Julio De Vido no parece fácil de llenar, dado que nadie conoce mejor que él la delicada maraña de subsidios a las empresas de servicios públicos.
Pero también hay otras interrogantes. ¿Cómo se reinsertará la Argentina en el mercado financiero mundial sin voluntad de acordar con el FMI y ante la dureza del Club de París para renegociar nuestra deuda? Por último, ¿cómo se resolverán las tres principales preocupaciones que exhibieron los empresarios esta semana: captación de inversiones extranjeras, solución de disputas sectoriales y contención de la inflación?
Todo indica que el kirchnerismo estaría muy cerca de tener mayoría en las dos cámaras legislativas y que ésta podría acrecentarse por algunos pases o acuerdos con peronistas disidentes. Es que para el peronismo la deslealtad es grave, pero la intemperie es insoportable.
¿Habrá intento de reforma constitucional? No se lo debe descartar. Pero no tanto porque Cristina tenga ya resuelto perpetuarse más allá de 2015 como por la necesidad que advierten algunos de sus acólitos de que no pierda poder por el hecho de ver coartada la posibilidad de su reelección.
Una semana, otra historia
Lucrecia Bullrich
La falta de entusiasmo y la quietud (más abúlica que inevitable) que se respira en los días previos a las elecciones, no registran precedente en la historia argentina más reciente. La mezcla de calma e inacción que cunde cuando faltan sólo nueve días para el tan mentado 23 de octubre tiene explicación, claro. La abrumadora victoria de Cristina Kirchner y el papelón de la oposición en las primarias de agosto fijaron los cimientos del reposo.
En la segunda fase de la campaña la presidenta se concentró en la gestión y habló lo indispensable. La oposición redefinió objetivos y estrategias, buscó mostrarse activa, pero allí se quedó. Terminó haciéndole favores al gobierno con la instalación de temas espinosos como la posibilidad de reformar la Constitución y la inevitable reedición del escandaloso "Cristina eterna". La sensación de que la pelea central está ya definida terminó por dominar la coyuntura.
Pero naturalizar el marasmo cierra el debate. Compararlo en cambio con el que atravesó las semanas previas a las elecciones de 2007 aparece como un ejercicio provechoso, tal vez elocuente de lo que hoy es y de lo que podría ser en el futuro.
Llama la atención (o no) que muchos temas que entonces dominaban la discusión pública estén también hoy presentes. En octubre de 2007 el desembarco de Guillermo Moreno en el Indec llevaba pocos meses y la inflación era uno de los temas centrales de campaña. Los candidatos de la oposición, sobre todo Roberto Lavagna, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy, advertían sobre el aumento de precios (el exministro de Economía veía en el precio del tomate el reflejo de las fallas de la política económica). Además, crecía la brecha que ya entonces separaba el IPC oficial de las mediciones de precios que hacían consultoras privadas y algunas provincias.
Entonces, el encargado de negar la inflación era el exjefe de Gabinete, Alberto Fernández. "No hay pirámide inflacionaria", decía. La pirueta se parece demasiado a las que suelen hacer el actual jefe de Gabinete, Aníbal Fernández y el ministro de Economía, Amado Boudou, para evitar que la palabra maldita se filtre.
Este año, el aumento de precios volvió a ser una bandera de una parte de la oposición que, impulsada por la denuncia de Moreno contra las consultoras, creó el "índice Congreso", es decir, se amparó en sus fueros parlamentarios para difundir los números impugnados por el gobierno en la Justicia. Esta instancia produjo esta semana, en dos imágenes simultáneas, una síntesis perfecta del paisaje opositor: en un canal de noticias, diputados de la UCR, la Coalición Cívica, el PJ disidente y el Pro anunciaban el índice de septiembre. En otro, Mauricio Macri presentaba en sociedad a su hija recién nacida.
En otro terreno, las advertencias del FMI por la falta de credibilidad de las estadísticas del Indec se volvieron habituales desde que Moreno manda. Pero se profundizaron durante esta campaña con la decisión de no volver a usar los índices que produce el Estado argentino.
A pocos días de las elecciones de 2007, el conflicto por las papeleras atravesaba una de sus fases más tensas. Esta semana el expresidente Tabaré Vázquez y sus declaraciones de que pensó en una posible guerra volvieron a poner el tema sobre la mesa.
Tampoco los tironeos entre la Casa Rosada y el jefe de la CNT, Hugo Moyano son materia exclusiva de esta campaña, aun cuando en los últimos meses hayan experimentado niveles de tensión desconocidos. "Es importante que el próximo presidente entienda en qué gremios y sectores reside el poder real del sindicalismo, porque equivocarse en este diagnóstico es comprarse un escenario conflictivo", amenazaba el moyanista Omar Maturano en octubre de 2007.
El 7 de octubre de 2007, cuando cumplió 30 años de existencia, la Asociación Madres de Plaza de Mayo ya combinaba su labor en derechos humanos con la construcción de viviendas. Ya entonces, Hebe de Bonafini rechazaba las críticas a la cercanía de la entidad con el gobierno. "Hay capacitación en seguridad laboral y en manejo de herramientas. Pero de política, ¡nada! Las Madres no somos un partido político", decía.
Sergio Schoklender era su hombre de confianza y la ruptura estaba lejos. El escándalo por el supuesto desvío de fondos destinados a la construcción de viviendas sociales existe hace casi cinco meses. Esta semana el juez Norberto Oyarbide volvió a dejar claro que no tomará grandes decisiones hasta pasada la elección.
La Casa Rosada demostró (una vez más) que su capacidad para permanecer indemne a las sospechas de corrupción más escandalosas está intacta. En agosto las urnas demostraron que la transparencia del manejo de la cosa pública no está entre las prioridades de la mayoría. Que al momento de votar, impera el presente.
El próximo domingo será el gran día. Aunque no parezca, empezará a escribirse otra historia.