Brasil tiene difícil crecer a igual ritmo

Problemas. Inflación en alza, moneda sobrevaluada e industria con menor competitividad

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BRASILIA | THE NEW YORK TIMES

Al salir de un año en el cual registró su crecimiento más alto en un cuarto de siglo, Brasil se enfrenta a una inflación creciente, una moneda sobrevaluada y un sector industrial que pierde competitividad ante las importaciones chinas baratas.

Sin embargo, los esfuerzos de la presidenta Dilma Rousseff para arreglar esos problemas podrían minarse en los meses siguientes a medida que el gobierno se embarca en la más grande serie de gastos.

Los dirigentes de Estados Unidos y Europa, que batallan para corregir sus economías bursátiles, se considerarían afortunados al tener problemas como los de Brasil. Su economía -impulsada por los precios en alza de las materias primas, una robusta demanda china de ellas y un auge en el consumo interno empujado por el crédito en expansión- creció 7,5% el año pasado, su índice más elevado desde 1986.

"Como otros países emergentes, Brasil se ha visto menos afectado hasta ahora por la crisis mundial", dijo Rousseff, en Naciones Unidas el mes pasado. "Sin embargo, sabemos que nuestra capacidad para resistir no es ilimitada". Su estrategia ha sido audaz. Al pronosticar que la economía mundial no mejorará este año, el Banco Central de Brasil redujo las tasas de interés, haciendo la apuesta arriesgada de que no aumentaría más la inflación. La medida, orientada a fomentar el crecimiento y reducir el valor de la moneda, se aplicó junto con otras para proteger a las industrias brasileñas del aluvión de importaciones asiáticas.

Ese enfoque ha mostrado los primeros signos de éxito. El obstinadamente alto real brasileño empezó a perder valor frente al dólar el mes pasado, alcanzando su punto mínimo desde 2008 hace dos semanas, antes de recuperarse un poco la semana pasada.

El cambio apagó el optimismo entre los brasileños que se sentían más ricos que nunca antes. Mientras la moneda sobrevaluada desaceleraba a la producción industrial, e impulsaba el gasto de los consumidores dentro y fuera a un ritmo devastador. El gasto exterior, que desvía dinero que podría apoyar a la industria brasileña, ha alarmado a funcionarios gubernamentales, quienes han tratado de desacelerar el ritmo del consumo imponiendo restricciones a las compras con tarjetas de crédito. Pero, el gasto oficial representa la amenaza mayor. En 2012, el gobierno estará obligado a hacer pagos prometidos por decenas de miles de millones de dólares. Está programado para entrar en vigor en 2012 un incremento de 14,7% en el salario mínimo, a un costo de US$ 13.000 millones, un nuevo subsidio para vivienda para familias de bajos ingresos costará US$ 6.000 millones y se espera que las inversiones para las actividades deportivas -Copa Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos 2016- costarán al menos US$ 4.500 millones, explicó Luiz Schymura, el director del Instituto Económico Brasileño de la Fundación Getulio Vargas.

Desde su toma de posesión en enero, Rousseff ha mostrado una disposición para usar un bolígrafo rojo para el gasto fiscal. Su gobierno aprobó US$ 28.000 millones en recortes fiscales, privatizó aeropuertos y le hizo frente a los sindicatos que exigían incrementos salariales aun más elevados. Sin embargo, hacerle frente al salario mínimo o a la Copa Mundial es políticamente imposible.

El aumento en el gasto, junto con tasas de interés más bajas, podría producir un ciclo de inflación más elevada, temen economistas. Falta ver si las nuevas políticas serán suficientes para revitalizar al sector industrial brasileño. El crecimiento de la economía se desaceleró este año, a un 3,5%, dicen economistas, cerca de la mitad que el año pasado. Y lo mismo sucede con el auge del consumo. Se reporta una reducción en las ventas de vivienda, provisiones y tiendas, dijo Alfredo Coutino, el director para América Latina de Moody`s Analytics.

"Ahora todos cuestionan si el auge en el consumo era sostenible o no, porque ahora todos están perdiendo``, dijo. "El futuro en Brasil no es seguro, o al menos no tan seguro como se creía a comienzos de este año".

También hay inquietud de que se estén dando cambios estructurales que continuarán obstaculizando el crecimiento. La parte de la industria en la producción económica total se ha deslizado a 15,4% el año pasado, respecto de 19,2% en 2004, muestran cifras gubernamentales. "Algunas personas dicen que Brasil está inmerso en un proceso de desindustrialización``, señaló Coutino.

La industria brasileña culpa al real sobrevaluado de su disminución porque se redujo la demanda de productos brasileños, y el ministro de Finanzas Guido Mantega responsabiliza de eso a Estados Unidos y China por exacerbar una "guerra de monedas". Sin embargo, el real también se ha fortalecido debido a las altas tasas de interés, que han atraído una gran afluencia de dólares de inversionistas de ultramar.

A pesar de las medidas, analistas temen que Rousseff pagará un precio político por el descenso económico de Brasil. "Se está embarcando en una estrategia audaz", dijo Christopher Garman, un analista en Eurasia Group, una consultoría en riesgos políticos en Nueva York, "pero no podrá cumplir completamente las promesas con esa estrategia``.

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