Antonio Mercader
No se puede decir que José Mujica sea un presidente viajero. Desde que asumió hizo la recorrida de rigor por América Latina, con especial dedicación a los países vecinos, lo que está muy bien. Una sola vez cruzó el Atlántico en un fantasmagórico viaje privado y de pocas horas a España para hablar con el presidente del Real Madrid acompañado por Paco Casal y el Pato Celeste. Hoy vuelve a Europa por segunda vez en una expedición que empieza en los países escandinavos y proseguirá en Alemania y Bélgica.
Las primeras escalas de su gira, Suecia y Noruega, no se justifican demasiado. No al menos del punto de vista comercial pues estos dos países apenas nos compran productos por valor de unos 100 millones de dólares. A Suecia, según explicó el propio Mujica, va a agradecer la acogida dispensada a los exilados uruguayos durante la dictadura. "El hombre debe ser como el burro y no olvidarse nunca en donde come", explicó. Con esa frase típica de su jerga (que es de esperar que no la repita hoy en Estocolmo), Mujica justificó una escala que tiene un contenido más afectivo que otra cosa.
Después seguirá a Noruega para convertirse, como él mismo informó, en el primer presidente uruguayo que llega a ese país. Confiemos en que ese no sea el criterio que rija sus futuros traslados porque, de ser así, cabría informarle que le quedan por conocer unas 160 naciones adonde jamás llegaron nuestros Jefes de Estado. Antes de partir describió con simpatía ese país "pequeño en gente, pero muy peculiar porque no posee pobreza". Como tema de interés recordó que hay empresas noruegas que pescan krill en aguas del sur y pasan por nuestro puerto, lo que podría servir para cimentar un acuerdo bilateral para producir el saludable Omega 3.
Todo ello parece poca cosa para un desplazamiento presidencial al norte europeo, sobre todo si se recuerda que el canciller Luis Almagro suele decir que Mujica es "un gran activo" que Uruguay posee en materia de relaciones exteriores. Eso es verdad porque en la diplomacia moderna los presidentes tienen un rol de creciente importancia, razón por la cual hay que utilizar bien sus periplos por el mundo.
Es cierto que en la agenda oficial de este viaje se citan encuentros del presidente con empresarios escandinavos y que la segunda etapa de su gira -Alemania y Bélgica- tendrá contenidos más concretos y trascendentes. Pero aun así queda la sensación de que este primer traslado oficial de Mujica a Europa debió programarse de otra manera. Por ejemplo, aprovechando la doble escala de la delegación en Madrid para hacer una visita de Estado a España, un país con el que nos unen bastante más lazos afectivos, políticos y económicos -dicho esto, además, en un 12 de octubre- que los que tenemos con los escandinavos.
Claro que para ello es preciso contar con una cancillería más profesional y menos politizada, capaz de planificar el empleo de sus recursos y de asesorar debidamente al presidente sobre adonde encaminar sus pasos. La gratitud por los exilados así como los beneficios de una hipotética asociación por el krill distan de ser prioridad para Uruguay.