Un secreto para educar a la educación

CARLOS MAGGI

Hace un mes escribí sobre la enseñanza pública y propuse cambiar el sistema actual que ha fracasado, por otro que evalúe los resultados.

En virtud de esa medición externa alcanzaremos la debida transparencia para calificar a los funcionarios docentes y no docentes; y para formar opinión sobre las autoridades de la enseñanza, tomando en cuenta lo que dispone la Constitución pa-ra todos los funcionarios públicos, en cuanto a "omisiones o ineptitud."

Cabe agregar que en un sistema democrático, es de principio que cada órgano tenga un control externo; y así sucede desde la más alta cúpula de la Presidencia, hasta la más ínfima oficina, pasando por los entes autónomos, que son cuidadosamente vigilados. Solo los entes autónomos de la enseñanza escapan a esta exigencia debido a un mal entendimiento de lo que es autonomía. Los institutos de enseñanza pública terminan en el desastre que ya nadie discute, porque están fuera de control, vale decir son independientes, y no autónomos. En esta clara diferencia está la raíz de todo lo malo que sucede.

Ya nadie discute la gravedad de la situación.

Tanto la opinión pública (62%) como los partidos políticos, las autoridades y los gremios implicados, están de acuerdo en lo que más importa: la educación no puede seguir co-mo está. Esta unanimidad es un hecho muy plausible, es el primer paso hacia una solución.

Adelanto una opinión: antes del contenido de la enseñanza, hay que corregir el sistema actual que se ha desbocado; hay que establecer el debido control que, en buena medida debe ser numérico. Si sigue la anarquía, cualquier plan va a ser burlado. Ya vimos despedazar el plan Ceibal, que es un orgullo para el país; y los encargados de aplicarlo, lo denigraron.

Durante estos días, cuando reunidos ante el cadáver de nuestra enseñanza vareliana, se oye un gran silencio, cada participante en la labor docente siente el escozor de una culpa. El cuerpo del delito está ahí. Y entonces cada uno alega su inocencia y culpa a otro. Antes que nadie, la Universidad de la República se convierte en un hábil declarante.

El decano de la Facultad de Ingeniería, Héctor Cancela, afirmó: -"De los alumnos recién ingresados, el 81% no logró identificar la idea central de un texto."

-El decano de la Facultad de Ciencias, Juan Cristina, comentó: de 415 alumnos nuevos, 300 no lograron superar las pruebas del primer semestre. Y siguen las firmas…

En secundaria, el presidente de la Asamblea Técnico Docente (ATD) Carlos Rivero, manifestó:

-El aumento de la repetición en primer año de liceo "tiene que ver con cómo salen los gurises desde Primaria".

Cuando se aprobó el plan Ceibal, los maestros invocaron:

-En muchas escuelas faltan vidrios en las ventanas y sillas en los salones; "eso", impide educar.

Hace un par de semanas supimos que las autoridades de la enseñanza, amorralaban el dinero destinado a mantenimiento. Los edificios se venían al suelo se llovían o se agrietaban; dejaban de tener servicios higiénicos; pero a nadie se le ocurrió leer la norma que daba los recursos necesarios y al mismo tiempo, mandaba mantener en forma las construcciones de la educación.

Y lo peor: esa flagrante omisión a los deberes del cargo, no encabezó ningún sumario. En setiembre se hizo público lo que debieron haber hecho y no hicieron. Empezaron las clases y nadie controló nada. Visto lo cual, los profesores, para alejar la responsabilidad, decidieron dejar de dar clase, en defensa de los chiquilines.

Una docente para escupir sus demonios, dijo:

-"El nivel educativo ha descendido en todos los aspectos. Si damos el nivel que tenemos que dar de acuerdo al programa, quedarían prácticamente el 80% de los alumnos por fuera."

Antes de eso, un profesor había propuesto despreciar las comprobaciones del PISA, evaluar a la criolla y dejar de dar clase durante un año. Los profesores presintieron que una suspensión de actividades era un modo de menguar el efecto de las huelgas; y se opusieron.

La Comisión del Ciclo Básico de Secundaria, integrada por inspectores y representantes del sindicato de profesores, dio a conocer "su" idea: "la eliminación del régimen de exámenes."

El coro del caos canta en esta tragedia cualquier cosa, menos aquella estrofa que propone: trabajar más y mejor.

En una obra de teatro que conozco bien, un funcionario le dice a otro: "A esta biblioteca, usted le suprime los lectores… y le queda perfecta."

La frase cae justa, basta sustituir lectores por estudiantes.

-Corresponde destacar, con alivio: la Asociación de Docen-tes de Enseñanza Secundaria (Ades, de Montevideo) manifestó su "total rechazo" a la idea de no controlar a nadie. Dijo exactamente: "Los contenidos del documento (que suprime los exámenes) expresan la intención clara de la total desregularización del sistema público".

El primer quid de la enseñanza, antes que técnico, es administrativo. El descontrol es el signo de la enseñanza pública; y para comprobarlo, basta con pasar por la puerta de un liceo privado. Allí, nadie se siente oprimido; pero todos estudian en medio del orden necesario para estudiar o para enseñar. El acto docente es un acto laicamente sagrado. ¿Qué educación se puede inculcar en medio de la indisciplina? Del barullo viene buena parte de la deserción y de la repetición que abruman a la enseñanza del Estado. En materia cultural, las formas importan tanto como los contenidos. Si algo no puede cumplirse en medio de un batiburrillo, es educar.

Hace demasiado tiempo que las autoridades, sin autoridad (hablo de consejeros y directores del sistema oficial) dejaron de ejercer su función; obran achicados ante la imposición de los gremios, de los estudiantes, de los padres de los estudiantes.

Danilo Astori, que además de vicepresidente de la República, fue Ministro de Economía durante todo el período del gobierno anterior y es desde siempre un hombre de la cultura, observa perplejo, pero muy preciso:

-"Hay una enorme desproporción entre el esfuerzo fiscal gigantesco que ha hecho la sociedad uruguaya y los resultados que se han obtenido en materia educativa". El esfuerzo a realizar en materia educativa también deberá ser gigantesco. Hay dos obstáculos importantes. Uno de ellos son las actitudes corporativas que anteponen el interés sectorial al nacional; y el otro obstáculo es nuestro modo de ser: somos una sociedad conservadora, con temor a la innovación. Todo esto habrá que vencer para que haya progreso en el Uruguay. En esa dirección hubo sabias palabras; Pablo da Silveira hizo notar: "La realidad no va a mejorar mientras hacer las cosas mal tenga las mismas consecuencias que hacerlas bien" (EL PAÍS, 26/9/11). Es una definición perfecta de un sistema descontrolado.

La primera jugada, la apertura de una reforma de la educación debe consistir en matar el "viva la Pepa" reinante. Formar y formarse son actividades placenteras, pero muy exigentes: se hacen a conciencia, o engendran un desastre. Educarse es, justamente, un modo de cobrar responsabilidad.

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