JUAN MARTÍN POSADAS
El Presidente Mujica ha manifestado en varias oportunidades y con singular énfasis su propósito de resucitar el ferrocarril. Es evidente que hasta ahora no ha podido conseguir nada. El gremio de los ferroviarios está frontalmente en contra. Resulta imposible transformar el ferrocarril sin la participación de los trabajadores y con la oposición del gremio. Conclusión: el ferrocarril va a seguir como está, en la ruina total, y Mujica no podrá hacer nada.
Cuando el Dr. Vázquez era Presidente habló -todos recordarán- de la necesidad impostergable de reformar el Estado. Después -también lo recordamos- al advertir cómo eran en realidad las cosas, ya no dijo más nada ni hizo nada. Parafraseando -con respeto- a García Lorca: se la llevó al río creyendo que era mozuela pero, al conocer que tenía marido, no quiso enamorarse.
Mujica es más auténtico en su deseo (o desesperación) por reformar el Estado, pero tampoco podrá hacer nada. Esa incapacidad no es imputable a sus (visibles) limitaciones personales en cuanto a capacidad organizativa o firmeza de carácter. No está ahí el problema.
Para reformar el Estado -titánica y urgente tarea que ha sido denominada la madre de todas las reformas- se necesita la colaboración o, por lo menos, una aquiescencia pacífica de parte de los gremios de funcionarios del Estado que son quienes tienen la sartén por el mango. Como es patente que no sólo no están con esa disposición de ánimo sino que hay, de parte de ellos, una oposición activa y militante, Mujica no podrá reformar el Estado. No hay vuelta que darle y quien lo niegue se está haciendo trampas al solitario. Por estas mismas obvias razones no se puede esperar ni una reforma de la enseñanza, ni de las comunicaciones tan lentas y caras, ni de ninguna otra cosa sometida a un poder que no controla.
El Frente Amplio impulsó y alentó durante mucho tiempo a los gremios para que dominaran sus respectivos espacios, buscando en esa estrategia aliados electorales. Por ese motivo no puede ahora malquistarse con ellos: queda mal que quien les ayudó a concentrar poder pida ahora devolución y reintegros. El Frente Amplio está electoral y políticamente impedido para generar ninguna reforma. (Es más: no podrá reformar ni sus propios estatutos).
Tampoco puede encarar una reforma del Estado contando con los gremios porque para empezarla tiene necesariamente que contrariar a los gremios de la apropiación y dominio que ahora tienen de sus respectivas áreas. Ningún gremio va a abdicar pacíficamente del poder que actualmente tiene y menos a pedido de quien electoralmente los sigue necesitando.
El Frente Amplio está constitutivamente impedido de llevar a cabo cualquier reforma: ni en el ferrocarril, ni en la enseñanza, ni en la Universidad, ni en la salud, ni en el Estado, ni en nada.
Los uruguayos que sientan la necesidad de reformar aquello que en el país está trancado o es obsoleto -que, como todos sabemos, es mucho- tendrán que dirigirse a otra fuerza política. El Frente no tiene condiciones para hacerla (aunque Mujica tuviera la voluntad).