El partido aún no terminó

REBAR

Ganó el primer tiempo con momentos favorables, pero no se sabe cómo le irá en el segundo. Dominique Strauss-Kahn (¡y dale con él!) consiguió zafarle a la sombra negra de una mucama de hotel neoyorquino, y anotarse un gol que la Justicia norteamericana le otorgó, sin analizar demasiado en qué posición se encontraba en la jugada previa, que pudo ser offside. Expulsada del campo de juego judicial Nassifa tou Diallo -por simular un penal que no se le cometió- se facilitó decisivamente la victoria parcial del exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional: y así el tipo volvió a olfatear la brisa de la libertad... aunque solo fue por dos semanitas, porque ahora tendrá que salir a disputar la segunda etapa, esta vez frente a una escritora -Tristane Banon- quien le recordó la escena que se produjo en ocasión de un encuentro para el que ella había preparado un reportaje de singular importancia, y comenzaba con una pregunta insólita:

-De acuerdo a la trascendencia que viene cobrando su personalidad en el socialismo francés, no está muy lejos de ser candidato a la Presidencia del país... ¿Usted qué piensa... de esa aspiración?

-Si yo le digo qué pienso en este momento, usted descubrirá cuál es mi aspiración... y sabrá que, ahora, mejor que hablar de aspiraciones políticas, sería dialogar sobre cómo aspiro yo el perfume que exhala su piel...

-Le ruego, don Dominique, que no se pase al patio sin claraboya, y volvamos a la Presidencia de Francia...

-Lo único que me tentaría para postularme, sería que usted pudiera dejar de bobear con sus preguntas, y gozara, más allá de sus libros, de una posición como la que usted merece: mi secretaría privada, privadísima, con una excelente remuneración pagada en sexos franceses, que conservan su valor en cualquier época y a cualquier edad. Se lo digo yo, que de finanzas sé algo.

No hubo caso. El entrevistado estaba en otra latitud. De repente, a Tristane se le agotó el bolígrafo, y el reporteado le ofreció el suyo. Perspicaz como era, ella captó la intención del ofrecimiento, rechazándolo enérgica y valientemente, pese a que él la corrió por el escenario en que actuaban, bolígrafo en mano y solicitándole un autógrafo. Pero, la escritora se sintió muy herida por todo lo escuchado y presentido: no le perdonará nunca, que el atrevido de Strauss-Kahn le haya dicho que se dejara de bobear con sus libros.

Sin embargo, transcurridos ocho años de aquello, aprovechó el rebote del caso de la mucamita, para presentar una acusación con efecto retroactivo, por acoso sexual.

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