Rock in Río, el mayor festival de música del mundo, cerró una edición de lujo que marcó su regreso al escenario original después de diez años y sirvió para tomarle el pulso a los anfitriones del próximo Mundial de Fútbol y de los Juegos Olímpicos.
Las bandas Guns N`Roses, Evanescence y System of a Down cerraron en la madrugada de ayer, el último día del festival, bajo una intensa lluvia que derribó una pasarela dejando varios heridos. Vestido con un impermeable amarillo, el (por momentos desafinado) Axl Rose interpretó a las 5:10 Paradise City, concluyendo un recital que había comenzado con por lo menos dos horas de retraso con Chinese Democracy.
La banda californiana fue la mayor atracción de la noche pero su recital fue desparejo y menos inspirado que el del grupo System of a Down, encabezados por su virtuoso, así como teatral, vocalista libanés Serj Tankian. Los norteamericanos, de origen armenio arrancaron con Prison Song a la que le siguieron Chop Suey, Lonely Day, Lost in Hollywood, y terminaron con Sugar. Una intensa lluvia derribó una estructura metálica en uno de los ingresos a la Ciudad del Rock, en la zona Oeste, provocando al menos cuatro heridos.
El momento alto del metal alternativo estuvo a cargo del grupo estadounidense Evanescence, cuya líder Amy Lee logró conquistar al público carioca interpretando My Immortal, Going Under, The Change, cerrando con la muy festejada Bring Me To Life.
La fiesta se vio por algunos minutos empañada cuando decenas de espectadores intentaron invadir el escenario, mientras actuaba Detonautas, y el batallón de choque policial lo impidió lanzando gases lacrimógenos y disparos al aire.
Otros incidentes se registraron en las siete noches del evento y su realizador, Roberto Medina, anunció que en la próxima edición se venderán 85.000 boletos por noche en lugar de 100 mil como este año. "Cuando las personas discuten sobre la temperatura de las hamburguesas es porque el resto de la organización estuvo muy bien", afirmó el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, ilustrando su satisfacción con la logística.
La maratón de casi 100 horas de acordes, estribillos y show de luces a la que asistieron unas 700.000 personas, que se hizo en Cidade do Rock, un complejo construido especialmente para el festival, con montaña rusa, rueda gigante, tiendas, restaurantes y un hotel.
Sobre esa área de 150.000 m2 se levantará la villa olímpica para los Juegos de 2016. Más allá del espectáculo, el festival fue un termómetro para la ciudad que de aquí hasta 2016 estará en boca del mundo por ser la anfitriona de los mayores eventos deportivos del planeta, sin contar con las Jornadas Mundiales de la Juventud que encabezará el papa Benedicto XVI en 2013.
Para la prensa, este "primer test" dejó al descubierto problemas de seguridad y de transporte público, principalmente. "Hubo embotellamientos, fallas en el sistema de ómnibus y robos, muchos robos", escribió O Globo. En ese sentido, señaló que durante el primer fin de semana del evento, cuando asistieron unas 300.000 personas, se produjeron más de 400 casos de robo dentro o en los alrededores de Cidade do Rock.
BASADO EN AGENCIAS