El largo camino de Brasil hacia la ONU

Bloqueo. EE.UU. no lo quiere en el Consejo

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Con un mayor destaque en el escenario internacional, Brasil no abandona su sueño de convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, pero precisa superar la oposición de algunas potencias para obtener el escaño.

Al abrir la Asamblea General de las Naciones Unidas, la presidenta Dilma Rousseff defendió el ingreso de Brasil al Consejo y subrayó el papel que ha tenido el país a nivel internacional, como el liderazgo de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (Minustah).

Como ocurre con la cuestión palestina, Brasil necesita enfrentar a las grandes potencias occidentales, en especial a EE.UU., que critican abiertamente algunas posiciones adoptadas por el gobierno.

En marzo Brasil -que ocupa hasta diciembre un escaño como miembro no permanente del Consejo- se abstuvo en la votación sobre instalar una exclusión aérea en Libia.

En agosto envió una misión diplomática controvertida a Siria para dialogar con el presidente Bashar Asad, y en 2010 había tenido un infructuoso intento de mediación para resolver la cuestión nuclear de Irán.

Matias Spektor, coordinador del Centro de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas, considera que "lo más importante es que el país tenga una visión propia". "Brasil es llamado cada vez más a ofrecer alternativas. Si al país no le gustan las reglas de juego actuales, precisa decir cuáles son las alternativas", sostuvo.

El embajador Marcos Azambuja, del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri), reconoce que Brasil es lento a la hora de tomar decisiones, pero cree que eso puede jugar a su favor al presentarse como un país que puede consensuar opiniones.

"Brasil se equivoca poco, pero demora en acertar", estimó Azambuja, aunque destacó al país "creador de consensos".

A diferencia de India, potencia emergente que ya recibió el apoyo de EE.UU. para integrar el Consejo, Brasil aún necesita superar esa barrera para llegar. "Brasil, como todo país que pretende una redistribución del poder, incomoda a los países establecidos", dice Azambuja.

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