Repaso a la danza de los millones

JORGE ABBONDANZA

En Estados Unidos hay 46.200.000 personas que viven en la pobreza. Esa condición afecta a uno de cada siete habitantes del país más rico del mundo y representa una categoría en la que están incluidos quienes ganan menos de 950 dólares mensuales, ya sea por un trabajo o por el seguro de desempleo. Claro que ser pobre en Estados Unidos no significa lo mismo que en la India o en África Central, donde esa situación implica falta de comida, de agua, de luz o de techo. El pobre norteamericano es el individuo que tiene problemas para pagar las cuentas a fin de mes, dar a sus hijos una educación superior, conseguir trabajo o lograr cobertura médica. Desde la crisis financiera de 2008, el número de pobres estadounidenses aumentó en 9.000.000 de personas, golpeando mayormente a ciertas colectividades (al 27% de los negros y al 26% de los hispanos) pero también a los jóvenes, porque actualmente es pobre uno de cada cinco menores de 18 años. Casi todos reciben ayuda del Estado en vales de alimentación, rebajas impositivas o programas de salud, aunque eso no alcanza a los 11.000.000 de inmigrantes indocumentados.

En el resto del mundo las cifras al respecto no son más alentadoras. Aunque la FAO sostiene que la masa de hambrientos de la humanidad ha disminuido, ubicándose actualmente en 925 millones de personas que no comen todos los días (es decir, el 15% de la población global), la cantidad sigue pareciendo escandalosa y corre bastante pareja con el cálculo de la Unesco sobre analfabetismo, ya que ese organismo estima que en el planeta viven 793 millones de adultos que no saben leer ni escribir. Hay once países donde la cifra de analfabetos adultos supera el 50% de la población, todos los cuales -excepto Haití- son africanos, aunque más de la mitad de los analfabetos del mundo vive en el sur y el oeste de Asia.

En el extremo opuesto de las condiciones económicas, sociales y culturales, a los ricos no les ha ido nada mal últimamente. No sólo han recuperado el valor de mercado de los bienes que poseían antes del colapso bancario de hace tres años, sino que además ha crecido el número de millonarios que existen en el mundo. A un individuo se lo incluye en esa categoría cuando dispone de un patrimonio que supera el millón de dólares, sin contar el valor de su residencia principal. En esa clase privilegiada figuran 11.000.000 de personas, desde los simplemente ricos hasta las alturas de opulencia del mexicano Carlos Slim o el norteamericano Bill Gates, cuyas fortunas deben escribirse con números seguidos de diez ceros. Ahora que se habla tanto de los cimbronazos económicos que sacuden al mundo, parece oportuno repasar esa danza de los millones.

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