Ciudad de Vaticano | El jefe de gobierno italiano Silvio Berlusconi, cada vez más acorralado por la justicia italiana, que examinó ayer la apertura de un nuevo juicio por sus escándalos sexuales (ver nota principal), perdió definitivamente ayer el apoyo de la Iglesia católica tras una dura condena del episcopado.
"Compartimos en forma unánime el análisis del cardenal Angelo Bagnasco sobre la delicada situación política y cultural que atraviesa Italia", anunció ayer Domenico Pompili, portavoz de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).
"Mortifica constatar comportamientos no sólo contrarios al público decoro sino intrínsecamente tristes y vacuos", aseguró el cardenal Bagnasco, presidente de la CEI, en el discurso de apertura del consejo permanente de la institución.
Sin mencionar el nombre de Berlusconi, el purpurado condenó la conducta del primer ministro, lo que suscitó reacciones en todas las capas de la sociedad.
Según el cardenal, "los comportamientos licenciosos y las relaciones inapropiadas son en sí mismos negativos y producen daño social", por lo que pidió que se "purifique" el clima para proteger a las nuevas generaciones.
En el pasado. La jerarquía de la iglesia italiana ha apoyado tradicionalmente al gobierno conservador de Berlusconi, pese a su controvertida vida disipada, debido a que se ha pronunciado siempre contra el matrimonio homosexual, la eutanasia pasiva, la investigación con células madre y aprobó ampliar la financiación pública de colegios religiosos.
Sin embargo, decidió unirse a la condena de algunos empresarios y de los diarios más influyentes del país que pidieron la semana pasada su dimisión.
Berlusconi, en tanto, se aferra al poder y responde sin titubear: "No renuncio, cuento con la mayoría del Parlamento", dijo.
"Claro que tiene la mayoría garantizada. Compra los votos de cualquier disidente", comentó Francesco Rutelli, exalcalde de Roma. AFP