Solo para pensar

Hace tiempo que se habla de la posibilidad de conformar coaliciones opositoras que enfrenten electoralmente a la también coalición de gobierno. Esta nació hace cuarenta años como la unión de las izquierdas que solo tenían en común la etiqueta de tales. En el terreno de la coincidencia de las ideas era imposible -sin perjuicio de impedimentos constitucionales entonces vigentes- por incompatibilidades notorias entre socialistas, comunistas, disidentes de los partidos históricos y otros, fundar un partido político. Pero en los hechos, funcionó como tal al agruparse en torno a un programa, y una organización cuya espesura y complejidad no vienen al caso analizar ahora, pero organización al fin.

En el Frente Amplio hay tensiones, trasiegos, realineamientos y diferencias entre sus integrantes, lo cual se puso al rojo vivo en el gobierno. Pero en general -y sin perjuicio de algunas excepciones que no son de las que confirman la regla porque han obligado a plantearse reformulaciones hasta ideológicas que en la oposición no fueron necesarias porque siempre le alcanzó para tener éxito con negar toda iniciativa de los gobiernos que le precedieron- la coalición se presenta como tal, como un bloque regimentado.

Por su parte, la oposición integrada por los dos partidos fundacionales y el partido Independiente, está dispersa, a pesar que, aunque parezca contradictorio, justamente en los grandes principios e ideas, hoy son más fuertes las afinidades entre blancos y colorados que las brechas que los separan. Una tradición de 175 años generó diferentes culturas políticas entroncadas en la esencia de ambas colectividades. Pero ello no les ha impedido hasta hace siete años alternarse en el poder generando permanentemente gobiernos de coalición.

Entonces la interrogante que va tomando cuerpo en la sociedad es la de por qué si el Partido Nacional y el Partido Colorado han sido capaces de gobernar juntos al país, no pueden coaligarse electoralmente para sumar sus fuerzas y llegar así al gobierno.

Hay que ser muy preciso en lo que desde algunos sectores de la militancia de los dos partidos se sugiere como posibilidad. No se trata de proyectar una fusión de los mismos y crear lo que de manera despectiva se ha denominado "partido rosado" para descalificar la intención. Esto lo impide ya no el estilo, sino el espíritu, el alma -el "ángel" si se quiere- de cada colectividad forjada a lo largo de la historia. Pero una coalición electoral circunstancial es considerada por quienes apoyan esta propuesta no solo como viable, sino también como natural, porque las circunstancias han determinado que entre la coalición de gobierno y la oposición en su conjunto estén diseñados dos modelos de país diferentes y hasta contrapuestos.

Es cierto que la segunda vuelta electoral o balotaje es un instrumento que ayuda a cumplir con este objetivo pero depende cómo sea utilizado. Porque no fue lo mismo el acuerdo previo a la definición entre el candidato colorado, el Dr. Jorge Batlle, con el Partido Nacional en 1999, escrito, programado y trabajado intensamente en la campaña por parte del nacionalismo para llegar a un gobierno de coalición, con el respaldo casi personal de algunas figuras del Partido Colorado al candidato nacionalista, el Dr. Luis Alberto Lacalle, en el balotaje de 2009.

Actualmente, impedimentos constitucionales no existen, porque entre las enmiendas aprobadas por la Corte Electoral el 14 de enero de 1997, una de ellas hace posible la coalición de partidos sin que ninguno abdique de su identidad. Con menor ambición, pero similares efectos, puede pensarse en acuerdos programáticos entre los partidos previos a las elecciones, y ni qué hablar de los acuerdos de alcance departamental, explícitos entre las autoridades o generados por el olfato del electorado, de los cuales hubo rotundas demostraciones en mayo de 2010.

El tema da por lo menos para ponerse a pensar y continuar, ampliándolo, con el análisis de estas ideas de sinceramiento del sistema político en el aspecto electoral.

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