Censo

De haberse acatado la recomendación de Naciones Unidas, en el gobierno de Tabaré Vázquez debió hacerse el censo que ahora está en marcha. Nada se hizo pese a que no faltaron recursos económicos y que el Estado tuvo suficientes funcionarios para la tarea (por las dudas ingresaron veinte mil más en el período 2000-2005).

La ONU pidió a sus miembros que censaran a su población cada diez años, cosa que Uruguay incumplió -el último censo data de 15 años- razón por la cual este censo se desarrolla con retraso y con dificultades.

Aunque en el pasado los censos se hacían en una sola jornada, esta vez se dispuso dedicar todo este mes de septiembre a su realización. En vez de usar los clásicos formularios y llenarlos manualmente, se distribuyeron modernos aparatos electrónicos entre los censistas en los cuales se registra la información. Sin embargo, aun con el refuerzo de estas medidas se informa ahora que no será fácil concluir con la recolección de datos en el plazo previsto. El retraso se debe, dicen, a la renuncia de un millar de los seis mil censistas encargados de realizar el trabajo y a ciertos desperfectos de los aparatos electrónicos.

Todo lo cual cuestiona la eficiencia de los planes del Instituto Nacional de Estadística, organizador del censo 2011 que no podrá alegar que le faltó tiempo para prepararse. Se puso mucho cuidado en ampliar el cuestionario con nuevas preguntas referidas, por ejemplo, a la ascendencia racial o a situaciones de incapacidad, llegándose incluso a sugerir que los censados dieran sus nombres al encuestador, lo que no es para nada obligatorio. Ese mismo empeño debió ponerse en los aspectos logísticos convertidos ahora en fuente de problemas.

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