MATÍAS CASTRO
No se me ocurre nada más paranoico que ponerse una peluca para disfrazarse y salir a la calle sin ser reconocido. Eso fue, precisamente, lo que hicieron los actores Robert Pattinson y Kristen Stewart y que reseñé en la columna de ayer. Obviamente no son los únicos en recurrir a estos mecanismos de defensa.
Se dice que Bob Dylan suele disfrazarse para pasear tranquilo por los lugares que visita con sus giras. La actitud, por un lado, es comprensible si se piensa en cómo viviría uno de no poder ir al supermercado sin que una, diez, veinte personas se abalancen. Por otra parte la actitud es algo (o bastante) paranoica y denota un mecanismo de defensa aplicado con injustificada anticipación. Hay quienes tienen mecanismos más elegantes para lidiar con esto, y aquí pongo siempre el ejemplo de Christian Font y su increíble capacidad para sonreírle a cada persona que se acerca a saludarlo e incluso llevar conversaciones con gente que ni conoce.
Se dirá que no se puede comparar a Font con Dylan, pero el punto no es lo que hacen, sino simplemente dar un ejemplo de que hay formas intermedias de lidiar con la gente que se acerca a alguien conocido. Por empezar, quienes lo hacen, intentan nada más mostrar su admiración (en general), por lo que no tienen malas intenciones.
Pero claro, es todo cuestión de escala. Matt Damon comentaba hace un tiempo que él no tiene problemas en salir a la calle y vivir normalmente, pero que tiene colegas del cine que no pueden moverse sin que el hecho se convierta en un incidente internacional. Como dije en la columna de ayer, historias así parecen ciencia ficción desde una perspectiva uruguaya, pero también, como digo hoy, nos ayudan a entender cómo se comporta la gente cuando entra en el colectivo de "fans". ¿Por qué se reacciona así? Los factores son varios, desde el público mismo hasta los medios de comunicación y los mismos famosos que al disfrazarse o tratar de evitar al público alimentan la histeria.