MATÍAS CASTRO
Normalmente las primeras imágenes de una pareja de famosos con sus hijos tienen pocas lecturas. Por ejemplo, ver a Claudia Fernández y Leonel Delménico con su hija Mía, posando por primera vez para el público en una revista no fue mucho más allá de la historia de una uruguaya que ascendió en el mundo del espectáculo, que se instaló en ese ambiente y que después de muchas vueltas se convirtió en madre y esposa. Es, más o menos, un cuento de hadas. Tanto como los de muchísimos otros famosos que muestran a sus hijos y sus familias en las revistas, o que hablan de sus embarazos en el programa de Susana Giménez. Pocas veces esas historias tan idílicas pueden tener lecturas tan distintas e implicancias tan diversas como la de Florencia de la V, de la que comencé a hablar ayer.
Florencia de la V, para quien esté algo despistado, es un travesti y se casó con un hombre. Juntos alquilaron un vientre en California, Estados Unidos, y viajaron allí el mes pasado para recibir a sus hijos. El nacimiento ha causado cierta conmoción en Argentina debido al estatus de Florencia como estrella del teatro que mueve mucha gente a sus espectáculos de comedia teatral.
Como era fácil anticipar, la historia del nacimiento trajo unas cuantas críticas y polémicas. Era previsible dado que la situación en la que estaba Florencia la ha llevado a enfrentar límites que otras figuras no vieron. Por ejemplo, cambió de nombre en su documento de identidad y tuvo a sus dos hijos.
Muchos la han criticado duramente con diversos argumentos. Muchos la defendieron y otros tantos se han limitado a hablar de su historia como una más en el mundo de la farándula. Lo cierto es que no lo es y en ese sentido se vuelve un poco más interesante que el resto de las historias de madres-padres famosos. Al estar ahí, en un sitio tan destacado, permite al menos una discusión más interesante que las habituales en el mundo de la farándula. Y eso no es poca cosa en un medio como éste.