La relectura del mito del "Fausto", del notable cineasta ruso Alexander Sokurov, galardonada con el León de Oro en el Festival de Venecia, ha sido elogiada por la crítica que lo considera un maestro del cine de autor, independiente y no comercial.
"Por fin han ganado los mejores", sostenía ayer el diario Il Messagero, al analizar la lista de premios otorgados la víspera en Venecia y que incluye el León de Plata al atormentado chino Shangjun Cai por Ren shan ren hai (Gente de montaña, gente de mar) y el premio especial del Jurado para el italiano Emanuele Crialese por Terraferma, un himno a la solidaridad con los inmigrantes.
El film de Sokurov es una obra "maestra, ambiciosa y rica" sostiene el diario Il Corriere della Sera, que califica de "justo" el galardón al realizador ruso.
A menudo comparado con su compatriota Andrei Tarkovski, Sokurov, de 60 años, llamado el "artesano del cine" en su país, realiza un cine independiente y sobre todo no comercial. "No tengo interés en promover mi film comercialmente. Los films no necesitan del espectador, es el espectador que necesita los films", explicó el cineasta, quien solicitó la ayuda del Estado para promover el cine y la cultura. "Sin el apoyo del Estado y de las fundaciones la cultura no sale adelante", comentó tras la entrega del premio.
Con el León de Oro se consagra oficialmente a uno de los cineastas más prolíficos de Rusia, con una extensa filmografía, conocida y apreciada más en Europa que en su propio país. Con Fausto Sokurov completa una serie de films sobre la naturaleza del poder tras los dedicados a Adolf Hitler (Moloch, 1999), Lenin (Taurus, 2000) y el emperador Hirohito (The Sun, 2005).
"Gracias al premio su cine llegará a un público menos elitista", sostiene el crítico del Corriere della Sera.
Pese al entusiasmo que suscitó al jurado presidido por el director y productor estadounidense Darren Aronofksy, que lo votó "unánimamente", "como si fueramos una sola persona", ese cine genera también rechazo.
"Es un cine rico en textura visual que trata con ella de disimular todo lo demás. (...) En todo caso una película condenada a vagar de festival en festival y sin más carrera que esa. Ni más, ni menos", escribió el crítico del diario español El País.
La idea de invitar al espectador a presenciar lo que le ocurre a un grupo de almas perdidas en un viaje al fondo de la naturaleza humana y de la imagen cinematográfica, con diálogos sobre lo divino, lo humano, la lujuria, el deseo, el hambre, la venganza, es una experiencia que no convenció a todos los críticos.
"El jurado quiso salvar un cine audaz que corre el riesgo de que nunca sea visto por un público vasto", escribió el diario italiano La Repubblica, que lamenta que hayan sido descartadas del palmarés films como Carnage de Roman Polansky y Los idus de marzo de George Clooney, "que gustaron tanto al público como a los críticos".
Reto: El director ruso dice que es el público el que necesita films como los suyos.
Actores y director debutante
Los premios de Venecia no alcanzaron para recompensar a los numerosos films merecedores de ellos, en uno de los programas más ricos de la Mostra de los últimos años. Si fueron justicieros los premios a Sokurov, a Cai y a Crialese, también fueron irreprochables las Copas Volpi a la mejor actuación al alemán con pasaporte irlandés Michael Fassbender, espléndido yuppie de "Shame", tan obsesionado por el sexo que no logra conectarse emotivamente con una mujer ni con su hermana, y a la hongkonesa Deanie Yip por su emotivo retrato en "Una vida simple" de una fiel servidora durante 60 años de una familia que le corresponde cuidando de ella en su vejez. Justiciero también el premio De Laurentiis a la mejor opera prima al italiano "Là-bas" de Guido Lombardi, valiente retrato de la explotación italiana de los inmigrantes ilegales.