Clima caliente en interna sindical

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por Martín Aguirre

"En este momento es todo fermento". Así describía un dirigente del Pit-Cnt la actualidad del mundo sindical, que en medio de una coyuntura sumamente exitosa de su historia, aparece más en los titulares por las pugnas internas, las luchas de poder y los choques personales, que por los logros en materia de defensa de los trabajadores. Todo en la antesala de un Congreso del que se espera surjan definiciones trascendentes en materia de posturas ideológicas y de relación con el gobierno.

Que el sindicalismo uruguayo atraviesa una "era dorada" es algo que pocos se atreverían a discutir. El Pit-Cnt cuenta hoy con más de 350 mil afiliados (tenía 100 mil en 2003), recauda un millón de pesos por mes, cuenta con varios dirigentes de notoria visibilidad, y su cercanía con el gobierno le ha dado un poder de presión como pocas veces ha tenido en su historia. Pero esa proximidad con el gobierno también generó problemas. El primero, la escisión de un pequeño grupo de "radicales" que se alejaron del movimiento acusando a sus dirigentes de haberse "vendido". El segundo, una crisis de identidad en cuanto a la postura a asumir frente a la administración.

Mientras que la economía crece a tasas chinas, y el desempleo se desploma, la conflictividad gremial ha escalado de manera llamativa. Fenómeno explicado en parte por lo postergado de muchos postulados, la paciencia que el movimiento tuvo con la gestión de Vázquez, pero por sobre todo por la lucha creciente para marcar posiciones dentro del mundo sindical. Esa lucha está pautada por la formación de bloques, el integrado por los gremios más afines al gobierno aglutinados en el grupo "Articulación", los que responden al Partido Comunista, que suelen ser más críticos, y un sector menor pero muy combativo, encabezado por los funcionarios estatales de COFE. Estos sienten que los gobiernos del Frente han dado vía libre para exigir a los privados, pero que en la esfera pública no han sido debidamente retribuidos.

Pero por encima de grupos e identidades ideológicas, los últimos meses parecen estar destapando cuestiones que tienen más que ver con luchas personales que otra cosa. Esto quedó en claro cuando en ocasión de la denuncia que las cámaras empresariales presentaron ante la OIT por la ley de negociación colectiva, una gestión de último momento en Ginebra realizada por uno de los coordinadores del Pit-Cnt, el comunista Juan Castillo, fue vetada desde Montevideo en una operación liderada por el gremialista de la bebida Richard Read. Este criticó que Castillo negociara "a 13 mil km de distancia" e insinuó que el acuerdo firmado afectaba derechos vitales de los trabajadores. No contento con eso, Read lanzó una ofensiva contra el "cargo" de coordinador del Pit-Cnt, afirmando que en el movimiento sindical "nadie es más que nadie".

Castillo no fue menos. Señaló que lo ocurrido en Ginebra fue un "error estratégico", acusó a Read de "jugar mucho en los medios", y afirmó que "eso de que somos todos pares no convence ni al loro". Incluso reconoció en una entrevista con El País que "este momento de contradicciones internas en la central ha sido un trago amargo".

Pero si hay algo que galvaniza las diferencias entre Read y Castillo es la periódica aparición de una tercera figura del Pit-Cnt, el dirigente de COFE, Joselo López, a quien ninguno de los dos parece tener mucha simpatía.

El primer chispazo público fue cuando el año pasado COFE presionó para hacer un paro general. La medida no era vista con buenos ojos ni por Castillo ni por Read, quienes operaron para limitarla, ante lo cual López los acusó de "promover carneros". Read por su parte ha dicho que López tiene "incontinencia verbal", y que es "un muchacho que está fuera de los códigos".

Estos choques llevan a pensar en qué porcentaje la actuación de estas figuras está marcada por un tema de pujas personales más que por la defensa de los intereses de sus representados.

Lo que parece estar claro es que el gran debate en el próximo congreso del Pit-Cnt será entre las figuras de Castillo y Read, quienes encarnan las dos imágenes clásicas del sindicalista. Uno, de fuerte impronta ideológica, de aparato político, y con una visión a largo plazo estrictamente marxista y clasista. El otro, un sindicalismo más pragmático, capaz de ejercer las medidas más duras, pero proclive a llegar a acuerdos con la política o los empresarios si cree que son útiles para su grupo.

Más allá de estos aspectos, el momento de esplendor del sindicalismo presenta varias interrogantes para la clase política nacional.

En primer lugar, cómo equilibrar la creciente influencia gremial con el poder político que surge de las urnas. En segundo, hasta dónde cabe llegar en las negociaciones con los sindicatos sin afectar el sistema económico que tan buenos resultados parece estar dando al país. Y por último cómo podrá condicionar este creciente poder sindical a futuros gobiernos el día que la ciudadanía decida optar por una fuerza política distinta al Frente Amplio.

La frase.

"Yo no tengo dudas de que el movimiento sindical tiene más poder. Tiene más poder en cantidad de afiliados y en la opinión pública" (Juan Castillo).

La frase II

El sindicalismo precisa publicidad más que nadie y de la buena. Su estética no varía desde hace 50 o 100 años (Publicista y murguista Raúl Castro).

El dato.

Los principales dirigentes dan como un hecho que habrá puja electoral en el próximo congreso del Pit-Cnt por la imposibilidad de pactar una lista única.

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