Una médica uruguaya en las fronteras más calientes

Médicos sin frontera. Con una oficina ubicada en Buenos Aires, busca captar más profesionales latinoamericanos | En 10 años solo cuatro uruguayos se han integrado a la organización | En octubre brindarán charlas en universidades y centros de salud | Temen que la exigencia obligatoria del inglés y los dos años de experiencia, desestimule a los uruguayos

 20110903 500x282

María Rodríguez vive en Punta del Diablo. Aunque eso es relativo. En los últimos años vivió en Kenia, Tanzania, Sudán, Etiopía y la lista sigue. Son destinos donde trabajó para Médicos sin Fronteras. Aunque asegura que su base está en Rocha.

Para María Rodríguez, infectóloga nacida en el departamento de Treinta y Tres, es importante tener un lugar a dónde llegar. Una base. Un espacio a donde pueda regresar, encontrarse con su gente querida, compartir anécdotas y dejar los recuerdos que se va trayendo en cada viaje.

La semana que viene volverá de Yemen, país de Medio Oriente donde en los últimos meses fue la encargada de coordinar, desde el punto de vista médico, todos los proyectos de Médicos sin Fronteras (MSF) en el país.

Desde Sana`a, su capital, dialogó con El País y admitió que para ella el trabajo humanitario es su forma de vida. "Me encanta lo que hago. Lo disfruto", enfatizó. "Por supuesto, tiene sus puntos difíciles, tristes, frustrantes pero también tiene la parte buena". La "parte buena" en estos meses la vivió al instrumentar dos programas de ayuda en el norte de Yemen, donde miles de personas fueron desplazadas por conflictos tribales y enfrentamientos armados entre tropas afines al gobierno central y fuerzas de oposición.

La ciudad de Haradh, es una zona muy desértica con 50 grados de temperatura, cuenta Rodríguez. "Desplegar un equipo ahí tiene muchas complicaciones. Pero la satisfacción de saber que le estás dando atención médica a entre 20.000 y 30.000 personas que no tienen ninguna otra ayuda gratuita, es enorme", aseguró.

Allí, sus equipos montaron un centro terapéutico nutricional para atender a 600 niños con desnutrición severa, e instalaron un block operatorio con cirujanos y anestesistas para asistir a víctimas del conflicto.

En esas estaba el 21 de mayo, día de su cumpleaños. Pero lo festejó como si estuviera en casa. "La vida de equipo es muy buena. Hubo torta de cumpleaños, mate y esas cosas que te acercan a tu raíces", recordó con alegría. También hubo mensajes de texto y llamadas por teléfono desde Uruguay porque, según dice, hoy la comunicación hace posible un contacto con los seres queridos que cuando ella empezó, en 2003, no era posible.

Rodríguez, quien tiene 39 años, es la única uruguaya "en terreno", es decir, trabajando en contacto directo con la población asistida. Desde que MSF se instaló en Buenos Aires, otros tres uruguayos han participado de las misiones que realiza la organización, fundada en Francia en 1971.

Luis Paiz, médico de origen guatemalteco que desde 2010 dirige la oficina en Buenos Aires, explicó que su deseo es que cada vez sean más los uruguayos que se integren a la organización. Por ahora, la mayoría de los profesionales reclutados por la filial de MSF han sido argentinos.

Para dar a conocer mejor las tareas que desarrollan y los requisitos para integrarse, en octubre visitarán universidades y realizarán charlas abiertas en distintas zonas de Montevideo.

A pesar de que comúnmente se tiende a pensar que para participar de MSF hay que ser médico, Paiz resalta que la variedad de profesiones que son necesarias "en terreno" es amplia. Además de profesionales de la salud contratan gestores de recursos humanos, coordinadores financieros, ingenieros y especialistas en logística.

Sí, contratan. "Nosotros rescatamos el espíritu del voluntariado porque te toca vivir en condiciones muy difíciles", explicó Paiz. "Pero no te vamos a dejar que te metan a la cárcel por las deudas", bromeó.

"Entonces, se te paga un salario que ahorrás en el tiempo que estás de misión, porque allá tenés una casa para vivir y todo cubierto, y al volver te podés reinsertar en tu profesión", dijo Paiz. El sueldo promedio es de unos 800 euros (20.600 pesos aproximadamente) y 500 dólares en viáticos (9200 pesos).

Pero basta con ser profesional y tener espíritu solidario para integrarse a MSF. Es necesario tener al menos dos años de experiencia en la especialidad a la que se dedique la persona, y manejar idiomas. Inglés, y si es posible, francés.

El fútbol, un idioma que hablan militares y guerrilleros

Para los integrantes de la organización, es importante que las personas tengan presente estos aspectos porque sino pueden generarse falsas expectativas. En lo que respecta a Uruguay, temen que estos requisitos estén detrás de la poca respuesta que han tenido.

De todas formas, para Paiz estos aspectos son importantes porque garantizan una atención de calidad. "Cuesta muchísimo llevar a un médico a esos lugares, entonces tenemos que asegurarnos que cuando llegue, resuelva", expresó. "No porque sean pobres les vamos a ofrecer un servicio pobre".

EFECTO FÚTBOL. Paiz lleva 15 años trabajando en MSF. Rodríguez, ocho. En cada una de sus experiencias hay una combinación curiosa entre elementos de geopolítica internacional, y anécdotas espontáneas.

Por ejemplo, la uruguaya ha tenido que negociar con grupos armados el acceso de sus equipos a zonas de conflicto que están en manos de grupos como Al Qaeda. También ha tenido dificultades en ciertas fronteras conflictivas porque no reconocían dónde quedaba Uruguay.

Pero allí conocían a Diego Forlán, e incluso en esos lugares nombrar al futbolista resultó y resulta, una vía de acercamiento a quien actúa como interlocutor.

"El fútbol es una de las cosas que te abre más puertas al momento de entablar un diálogo", aseguró Rodríguez, quien contó con humor que su dominio del árabe "no supera las cinco palabras. Pero ya decir `fútbol` y dos palabras más cambia la forma de encarar una conversación".

Otra de las experiencias que ha vivido en estos años es que adentro del consultorio, militares, guerrilleros o civiles quedan a un mismo nivel. Todos se transforman en pacientes.

Parte de las normas de MSF es que tanto en los lugares de atención -ya sean hospitales, clínicas o carpas montadas-, las armas quedan afuera. Literalmente. Cada consultorio tiene en la puerta el logo de la organización, su traducción a la lengua local, y un logo similar al de un cartel de "No estacionar". Solo que en lugar de una "E", tiene un fusil tachado.

Y lo aceptan. "Es típico", contó Rodríguez. "Dejan sus armas afuera, se sacan todas sus insignias y uniformes y son atendidos como civiles".

Para Paiz esto es casi un orgullo. "Estamos ahí para atender la relación médico paciente y que la gente tenga derecho a la salud, incluso en esos lugares", enfatizó. "Los bandos no son cosa nuestra."

Pero a veces la población local no lo tiene tan claro. El director de la oficina lamentó que en los últimos años los países que participan en las guerras realizan acciones humanitarias para ganar la confianza de las personas. Y cuando después atacan, los locales asocian ayuda con violencia, o traición.

"Han usado ayudas humanitarias con otros objetivos", lamentó. "Están en guerra con un país y le llevan comida para que la gente los quiera más. Pero están con un uniforme militar y un fusil en la espalda. ¿Qué mensaje recibe la gente?", enfatizó el médico.

"Todo eso está pasando hoy. Y lo más terrible es que se comienzan a cerrar los espacios de las organizaciones que intentamos movernos con autonomía", subrayó. "La gente no cree, no entiende quién es quién".

Por eso, decidieron controlar toda la cadena de ayuda. Desde se financian con aportes de cinco millones de personas que se solidarizan con la causa y no aceptan recursos de ningún poder político ni económico. "Nos financiamos con aportes de gente normal", subrayó Paiz.

"Eso nos da independencia económica y de acción, que es fundamental. No dependemos a la política ni a la agenda de nadie".

A lo largo de estos años de trabajo, la experiencia en terreno también les ha permitido desarrollar formas efectivas y rápidas de atención.

"Tenemos kits para atender por ejemplo a 10.000 personas. Tienes una epidemia de cólera y ahí está todo, desde armar una ala con camillas especiales para que la gente pueda evacuar, cloro, medicamentos, todo", dijo con orgullo.

MSF tiene 19 centros regionales en todo el mundo que llevan este equipo en 24 o 28 horas independientemente en el lugar del mundo donde esté. "Baja, nosotros lo llevamos a los hospitales, nosotros los utilizamos, nosotros atendemos a los pacientes y cuando se va escuchamos, qué salió bien y que no", comentó. Si no le llega al que más lo necesita, expresó el especialista, es porque el equipo no tuvo toda la información para distinguir entre quien lo necesitaba más que el otro. "Pero no porque aquel me cae bien y este mal", reiteró.

EMERGENCIA. El objetivo dentro de las situaciones de emergencia, es atender las crisis humanitarias, enfatizó el médico.

Actualmente, la crisis más importante se vive en Medio Oriente. Tanto en Yemen como en Siria, Somalia, Bahrein o Libia.

"El efecto directo del conflicto armado se ve en la saturación, porque el material médico que tenías planificado para un mes se te va a ir en una semana", comentó.

"A la semana te quedás desabastecido, y los heridos graves siguen llegando".

Y por otro lado está el efecto secundario "que igual mata", aseguró. "Mata a niños con problemas asmáticos o un paciente que necesita un respirador", ilustró. Todos los recursos se concentran en los heridos y la población queda desatendida. "Se mueren por una cesárea o por un ataque de asma porque no tiene la atención médica que requiere", lamentó.

En Trípoli específicamente, es esa la realidad que les llega de sus equipos. Médicos que se fueron del país o que no pueden llegar a los hospitales porque no hay transporte. E incluso centros de salud que trabajan con generadores y que tienen riesgo de quedarse sin combustible.

Consultados sobre el porqué de continuar trabajando si se vive con estas realidades, ambos especialistas coincidieron en que el sólo hecho de salvarle la vida a un niño que se hubiera muerto, vale la pena.

"No porque sean pobres les vamos a ofrecer un servicio pobre. Llevamos salud para todos, y salud de calidad".

Luis Paiz

"Dejan sus armas afuera del consultorio, se sacan todas sus insignias y uniformes y son atendidos como civiles. Es típico, lo ves en todos los países."

"El fútbol es una de las cosas que te abre más puertas al entablar un diálogo. Decir `fútbol` cambia la conversación".

María Rodríguez

Presente en todo el mundo

Médicos Sin Fronteras cuenta con 19 secciones, cerca de 22.000 profesionales en el terreno y el apoyo de más de cinco millones de socios y colaboradores.

Es una de las mayores organizaciones humanitarias independientes del mundo y su misión es asistir a poblaciones en situaciones de crisis humanitaria. En 1999 recibió el premio Nobel de la Paz.

El 84% de los ingresos se destina a gastos de apoyo a misiones. El 16% se invierte en gastos de captación de fondos, gestión general y administración.

Desde 2001 funciona en Buenos Aires una oficina que tiene la función de difundir los proyectos, recaudar fondos y reclutar profesionales para participar de los proyectos.

Médicos, enfermeros, psicólogos, ingenieros y encargados de recursos humanos forman parte de sus equipos.

Se los llama "expatriados" porque dejan su patria para trabajar en otro país. Las misiones duran desde tres meses a un año.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar