Mujica está feliz con Cristina, pero en el comercio Argentina muestra los dientes

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DANIEL HERRERA LUSSICH

Sin duda la semana se inició con ritmo de carnaval y se escucharon repiquetear los famosos bombos del justicialismo en territorio uruguayo. Un típico acto de campaña electoral se vivió en la ciudad de Salto cuando unos cientos de adoctrinados argentinos, trasladados especialmente, empezaron a entonar con fuerza "¡Borom, bom, bom, borom, bom bom, para Cristina, la reelección". El tono iba subiendo tanto que obligó a la presidenta argentina a exclamar con pícara sonrisa: "Estamos en Uruguay chicos, aquí no debemos hacer política".

Y bien preparada estaba la escena, convertida en una muestra clara de proselitismo político que, segundos antes, cuando hablaba el mandatario uruguayo, en términos protocolares, manejando sus habituales términos sobre el encuentro presidencial, desde el mismo sector de argentinos, se oía: "Olé, Olé, Olé, el Pepe y Cristina, unidos, siempre están".

Mujica, concentrado en la conexión ferroviaria, cortó el ambiente de fiesta peronista y fue claro también en insertar cierto tono de formalismo a este nuevo encuentro. En cambio Cristina Fernández de Kirchner, a poco tiempo de su segura reelección, junto a sus acólitos, con el ministro de Economía a la cabeza y compañero de fórmula presidencial, Amado Boudou, que también despeina sus ímpetus políticos "ligando" con el jet set porteño, se exhibieron más para los noticieros de Buenos Aires, codeándose para estar más cerca de la presidenta.

PASITO, NO PASOTE. Mujica puso en un momento los puntos sobre las "íes", cuando en su discurso, de 7 minutos, aclaró: "Vamos pasito a pasito mejorando nuestra relación", frase que no dejó callada a Cristina, que retrucó siempre sonriendo y para las cámaras: "Esto no es un pasito, es un pasote", recordando que hasta hace poco tiempo no se podía pasar de un lado al otro del río.

La realidad mostró a los presidentes, ministros, intendentes y alcaldes, sonrientes, con abrazos, besos y efusivos aplausos.

No era para menos, hacía 29 años que no cruzaba el ferrocarril sobre el río Uruguay. Solo faltaron las flores de la chacra que había reclamado de regalo, en el anterior encuentro, Cristina a Mujica. Pero el mandatario llegó con las manos vacías, hecho que debe haber despertado una amplia sonrisa de satisfacción al expresidente Jorge Batlle, que hace escasos días afirmó -en un contexto de severa crítica- que el mandatario, de floricultor, tenía poco y como consecuencia no había podido votar en las elecciones del BPS porque nunca figuró en planilla como trabajador.

MARCHA-CONTRAMARCHA. Hay que reconocer, sin embargo, que la política de Mujica hacia la Argentina ha tenido en algunos terrenos buenos resultados. Después de cuatro años de piqueteros y puentes cortados entre Gualeguaychú-Fray Bentos y del desplante de Cristina Fernández, al asumir, contra el presidente uruguayo (en ese momento Tabaré Vázquez), los a veces violentos agitadores han vuelto a sus casas y el pasaje hoy está abierto, no hay incidentes ni grandes demoras.

Hubieron a posteriori otros encuentros de exuberantes demostraciones de cariño por ambas partes.

Los otros logros están por venir. El dragado del canal Martín García, acordado un mes atrás con "bombos y platillos" entre Mujica y Cristina, espera una mínima señal para iniciar los trabajos de profundización de 32 a 34 pies. El "cúmplase" sigue en los cajones de la Casa Rosada. Mientras, el canal Mitre de la orilla vecina con sus 36 pies es el pasaje obligado de los buques que necesitan mayor calado para transportar o retirar de la región las materias de exportación o importación.

Y en estos momentos el tema más espinoso y que despierta roces está referido al uso de las líneas de transmisión para transportar energía eléctrica. Paraguay acordó vender energía a Uruguay, obviamente que a través de Argentina, cuyo gobierno en un principio exhibió muy buena disposición. Pero a la hora de los hechos, el monto de peaje solicitado por Argentina (48 dólares por megavatio) es considerado abusivo, "leonino" para las autoridades de Asunción.

Para el presidente Mujica la confianza es abierta y contundente sobre el futuro de las relaciones: "Cuando miramos los intereses globales del país, vemos la parte turística y las inversiones de argentinos, nos damos cuenta que este fenómeno es mucho más grande que los episodios coyunturales negativos. Hay que tener paciencia, la política del buen vecino es la única que nos da resultado".

A su vez, la presidenta Fernández de Kirchner se exhibió feliz y no perdió la ocasión para agregar un condimento político, que no a todos cayó demasiado bien ni ocurrente, cuando remarcó: "Quiero decir que estoy muy contenta, muy feliz de estar aquí entre banderas uruguayas, banderas argentinas y esa bandera hermosa del Frente Amplio, que es la bandera de Artigas".

Mientras avanzaba la politizada ceremonia presidencial, a nivel de menor rango se buscaban soluciones para levantar las barreras que, desde hace buen tiempo, paralizan o enlentecen el comercio de Uruguay hacia Argentina. Se ha dicho que encuentros a nivel ministerial han permitido salvar restricciones que afectaban el ingreso de mercadería de nuestro país. Y desde la vecina orilla sostienen que "han destrancado todos los inconvenientes del pasado". Sin embargo, altos informantes de los sectores productivos insisten en determinadas trabas que demoran el ingreso de productos uruguayos, hasta más de 30 días, por un simple procedimiento: una llamada telefónica paralizando el operativo.

Mientras tanto ocurren coincidencias en materia de gravámenes al campo en ambos países. En el ámbito legislativo argentino se discute un proyecto con ciertos parecidos al ideado por José Mujica con el Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales. Allá se busca limitar la compra de tierras por parte de extranjeros. Y el gobernador de Santa Fe, candidato a la presidencia por el Frente Amplio Progresista (FAP), Hermes Binner, acaba de anunciar que sus legisladores harán quórum en el gobierno para lograr la aprobación de la iniciativa. Y en otra coincidencia, el asesor principal de Binner es el publicista uruguayo Esteban Valenti, que fuera consejero en la campaña del expresidente Vázquez.

En tanto, siempre sobre las relaciones uruguayo-argentinas, en las últimas horas el diputado Manuel Garino, de Vamos Uruguay, en la comisión del Mercosur de la Cámara de Diputados del vecino país, criticó duramente las barreras no arancelarias que se le están aplicando a Uruguay.

El legislador también denunció que el ministro de gobierno, Guillermo Moreno, impuso que se prohíba a los supermercados argentinos ofrecer en sus góndolas productos uruguayos.

Y en las últimas horas se sumaron a esa cadena de trabas argentinas, dos más. Dos empresas, una estadounidense y otra uruguaya, se han encontrado con el rechazo desde Buenos Aires en la Comisión Administradora del Río Uruguay para construir dos terminales en Nueva Palmira, según publicó Búsqueda.

¡¡¡MARCIANOS!!! A su vez, el presidente José Mujica insistió en los adelantos que se han alcanzado en las relaciones con Argentina, aunque aclaró que restan aspectos por concretar. Y en nuevo encuentro con la prensa, el jueves por la tarde, el mandatario, con gesto de molestia, preguntó ante la inquisitoria de la prensa: "¿Y qué hacemos? ¿Le metemos el gaucho?" Recordó entonces Mujica que el principal rubro, más que la carne, para nuestras divisas, es el turismo, preguntando: "¿Quiénes son los que vienen? ¿Los marcianos? El 80% es argentino". Un sacudón frío debe haber recorrido el cuerpo de todos los uruguayos. La palabra marciano está borrada de nuestros diccionarios, no hay que olvidar que fue parte de una frase: ¡Solo un marciano puede pensar en que habrá una devaluación! Antes que corrieran 24 horas, el Uruguay devaluaba y pasaba a vivir una de las peores crisis económicas.

Bien lejos estamos de aquellas épocas, pero más vale, por las dudas, olvidar esos términos. Las pronunció el entonces presidente de la dictadura, el Tte. Gral. Gregorio Álvarez.

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