Productividad

Desde que llegó al poder, la izquierda se fue cercenando a sí misma la posibilidad de manejar las relaciones laborales. Paso a paso, el gobierno de Tabaré Vázquez primero y el de José Mujica después fueron cediendo más y más terreno al movimiento sindical, que no vaciló en asumir el control de la situación.

Pronto, la ocupación de los locales de trabajo comenzó a interpretarse como una extensión del derecho de huelga. La radicalización de algunos gremios se volvió moneda corriente. Y los empresarios se acostumbraron primero a negociar con empresas paralizadas y después a acordar aumentos salariales que no compartían para poder volver a producir, y no perder clientes que mucho les había costado ganar.

En el primer Consejo de Salarios y con un país en crecimiento, los trabajadores reclamaron la recuperación del salario perdido durante la crisis. Y lo consiguieron. Pero la demanda de "recuperación salarial" siguió formando parte de las plataformas reivindicativas incluso en la última ronda. Y no pocos sectores comenzaron a plantear su voluntad de reducir la jornada de trabajo de 8 a 6 horas, aunque manteniendo el salario. O sea, trabajar menos horas y ganar más.

De lo que nadie habla en el Uruguay es de "productividad". Y eso es grave. En especial en un país que apuesta a seguir creciendo.

¿Cómo se sostiene un modelo de crecimiento cuando las personas quieren ganar más produciendo menos? ¿Cómo se logra mantener esa tasa de crecimiento cuando la fuerza laboral llega a la conclusión de que su remuneración aumentará en función de la capacidad de presión de que disponga su sindicato de base y no del esfuerzo, la superación y la productividad de cada uno? ¿Cómo se distingue a quien produce más de quien produce menos si desde los sindicatos se reclama que "a igual función, igual remuneración", sin importar si usted rinde al 120% y yo al 30% de nuestras respectivas capacidades, incluso cuando hagamos lo mismo?

¿Hasta cuándo va a seguir el país todo sin darse este debate? ¿Hasta cuándo van a seguirse aumentando salarios al barrer, sin discutir estímulos a la productividad, sin establecer criterios claros para medirla, sin entender que quien produce más tiene derecho a ganar más que aquel que sólo marca tarjeta y se ampara en un sindicato que le asegura que nadie le va a tocar un pelo aunque no produzca sino problemas?

¿Cuándo se va a entender que un trabajador que produce menos de lo que debe supone una carga para otro trabajador y, a la vez, un costo agregado para la empresa que le contrata? ¿Cuándo vamos a entender que ese costo termina siendo trasladado por las empresas a los precios y, a la larga o a la corta, generando inflación y generando algunas "burbujas" de precios?

La culpa no es nunca del chancho, sino de quien lo alimenta. A los gremios les dejaron el camino libre y vaya si lo han aprovechado. El gobierno no parece ya capaz de revertir una situación que, como otras, ha escapado de su control.

¿Y los empresarios? ¿Cuándo se van a decidir a dar este debate?

elpepepregunton@gmail.com

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