El jueves se cumple un año y medio de gestión del actual gobierno y en el tiempo transcurrido exhibió muchos méritos ajenos, pocos méritos propios y deficiencias intrínsecas a esa colcha de retazos, con características que se vienen arrastrando desde el período anterior, por lo que pueden considerarse ya como una marca de fábrica que la ciudadanía debe tener presente en el momento de elegir entre las opciones electorales.
En la única área donde pueden registrarse índices positivos, que en algunos casos confunden a la población y le permiten disfrutar de un relativo bienestar, es en el campo económico, pero en ese resultado no incide la acción del equipo de gobierno sino que simplemente son receptores de una coyuntura internacional que se ha utilizado mal, ya que no tuvieron la habilidad de guardar algo del beneficio que otorgaron los tiempos de vacas gordas para utilizarlo en las épocas de vacas flacas.
La creación de cargos públicos y el despliegue de beneficios sociales -que en muchos casos fueron sólo beneficios a correligionarios- trasladaron a un campo fiscal incrementos que pudieron evitarse o extenderse a toda la población. El resultado transitorio pues se debe a condiciones externas y se disfruta al amparo de penurias y privaciones que otros trabajadores padecen en países precisamente socialistas como España, Portugal y Grecia. Fue un regalo que nos vino de arriba, a través del aumento del precios de los commodities y no por obra y gracia de algunos de los "sabios" que proliferan en los ámbitos oficiales.
Donde el gobierno debió exhibir sus aptitudes y desplegar su acción fue en las materias de seguridad y educación y en ambas ha superado récords históricos de incompetencia, logrando incluso el milagro de cambiar la cara de un país y de sus ciudades que, de una apacible imagen de casas con jardines al frente y de puertas abiertas o de apartamentos con ventanas al sol, se ha transformado en una enorme prisión invertida, donde los uruguayos viven tras las rejas y los delincuentes circulan libremente por las calles, al amparo de una discusión bizantina, que no ataca el mal de fondo, sobre los límites de inimputabilidad o el uso de armas para defenderse.
A ello han agregado el otro milagro de liquidar una de las costumbres más típicas de este país, como lo fue durante años, el hábito de ir a comer con la familia a la pizzería del barrio, que se redujo primero por el temor de dejar las casas solas, y que está prácticamente desapareciendo por el otro temor de ser robados dentro de los propios locales o de ser asaltados en la calle durante el regreso.
La enseñanza, además, castigada duramente en el pasado por obra del marxismo, se ha visto sacudida ahora por el deplorable estado de los locales escolares y liceales, extendiendo sus alcances negativos a la propia naturaleza de la enseñanza que se imparte, (registrada en los acusadores índices PISA) e incidiendo sobre todo en las clases medias y las más necesitadas. El Uruguay fue un país excepcional en la medida en que facilitó, desde una Universidad entonces monopólica y cuando no existían las privadas, la revolución silenciosa de la movilidad en las clases sociales, y mientras otros gobernantes no se limitaron a gritar - como lo hacen ahora estos huéspedes de paso- que la clave del progreso se encuentra en la educación, tuvieron sí la habilidad, a través de un silencioso pero efectivo liberalismo social, de hacer crecer un país que hasta llegó a llamarse "la Suiza de América".
Hoy estamos más cerca de algunos países africanos, con pobres en las calles pasando hambre y frío: con jóvenes que no encuentran trabajo y con niños que no pueden ser atendidos en los Hospitales, pese a la "cacareada" (tomando la académica expresión de una senadora oficialista) ley de salud, y la imagen dorada de un idilio urbano está cayendo aplastada por la existencia de universitarios que carecen de las bases mínimas para desempeñar sus profesiones.
Casi todo lo que hoy tenemos se lo debemos a las generaciones anteriores y aparentemente, las actuales tendrán muy poco para legar a las que nos sucedan. Los responsables son quienes, no han sabido cumplir con sus obligaciones primarias lo que, como comprobación de cumpleaños no es precisamente la mejor.