Un sistema vigente de atención primaria

Salud Pública. Laboratorio se encarga de exámenes clínicos en policlínicas barriales

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Hace 15 años se ideó un proyecto que cambió la salud primaria en la periferia, creando una red de exámenes clínicos que eliminó demoras y gastos. Cuando se busca fortalecer el primer nivel de atención de ASSE, este modelo puede resultar iluminador.

Entre 1996 y 1997 el Ministerio de Salud Pública (MSP) constató una situación: los usuarios de salud más pobres debían pasar por varias consultas médicas, trasladarse a puntos lejanos de la ciudad y gastar decenas de pesos para resolver un problema. Desde el momento en que a un paciente se le encontraba un factor de riesgo y se le ordenaba un examen clínico hasta que obtenía el resultado, podían pasar meses. Y en medio de ese trajín a veces el paciente dejaba de sufrir una patología o desarrollaba otra.

En ese momento el MSP abrió una licitación a privados para que solucionaran ese problema. La idea ganadora fue la de los doctores Julio Gallo y Carlos Scotti, que presentaron una propuesta basada en crear un laboratorio que centralizara las demandas generadas en las policlínicas barriales y que implicara una demora de hasta 48 horas para los pacientes.

¿Cómo se hizo? El Laboratorio de Atención Primaria de Salud (LAPS), que entonces dependía del Servicio de Salud de Asistencia Externa (SSAE, hoy llamado Red de Atención Primaria), se ubicó en el Hospital Filtro. Por estar a unos 10 minutos de todo el cinturón de policlínicas de la periferia, se consideró que era ideal.

Gallo, quien cree que su proyecto puede iluminar la reforma estatal anunciada, o al menos mejorar la gestión sanitaria actual, explicó a El País los objetivos que se perseguían y cómo se logró cumplirlos.

Eran ambiciosos. Se buscaba eliminar el traslado del paciente a los hospitales de referencia, adonde tenían que dirigirse para realizarse exámenes pero también para buscar los resultados de los mismos. Se apuntaba a que los exámenes estuvieran listos cuando los necesitara el paciente. Se pretendía, también, atender a toda la familia, en todas las situaciones, brindando todos los exámenes necesarios. Por último, esto debía hacerse bajando los altísimos costos que implicaba el SSAE al Ministerio de Salud Pública (que entonces centralizaba ASSE) y a sus usuarios.

Para eso se previó que cada policlínica fuera capaz de extraer una muestra, que el análisis se hiciera en el Filtro, y que los resultados se retiraran en la policlínica a la que había acudido el paciente.

Además de la estructura, se proyectó un sistema particular de recursos humanos. Se contrató a 30 personas, incentivadas con un sueldo de hasta 70% más que los demás funcionarios, con contratos a término, renovables cada año en función de sus rendimiento. No había tarjeta, ni horarios, ni horas extra: el arreglo era que, cualquiera fuera la demanda, el funcionario debía resolverla. Esto podía llevarle dos horas o 10. Eso sí, debía hacerse bajo cualquier condición: si los equipos se rompían, debían arreglarlos. Si los reactivos faltaban, debían conseguirse de alguna forma.

"Pusimos a todo el mundo a trabajar por metas: `usted tiene que hacer 550 hemogramas por día`, por ejemplo", relató Gallo. "La gente estaba tan satisfecha de trabajar por metas, que no le importaba la plata. Le importaba poder irse antes, disponer de su tiempo, saber que se le pagaba por trabajar y no por estar sentado esperando el horario".

Si bien el LAPS sigue existiendo y conserva los ejes principales del proyecto de Gallo y Scotti, el régimen laboral cambió y se adaptó al que funciona en el Estado normalmente, algo que el profesional lamenta (ver entrevista). El País intentó comunicarse con quienes lo dirigen actualmente, pero no fue posible. Gallo dejó de dirigir el LAPS hace unos cuatro años; su contrato no se renovó por "falta de confianza política", según él. Aclaró que no milita en ningún partido político.

Los resultados de su proyecto fueron evaluados positivamente. En un informe de 1999, el entonces ministro del Partido Colorado, Raúl Bustos, afirmaba: "Este laboratorio exclusivo para la atención primaria de la salud sustituyó múltiples laboratorios que realizaban los exámenes (...) Esto ha determinado un beneficio económico para el usuario y una disminución de gastos a nivel hospitalario, permitiendo la resolución del paciente en el primer nivel de atención".

Gallo indicó que con el LAPS bajaron las consultas hospitalarias. "Se cumplieron los objetivos: los resultados estaban en 48 horas". En aquel tiempo se hacían 70.000 exámenes por mes y se atendían 13.000 personas cada día. "No son suficientes las ideas, sino también cómo las armás, cómo las construís. Y lo importante fue que el ministerio abrió la cancha a los privados", concluyó.

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