Impacto en toda la región y en OTAN

No repiten el camino seguido en Afganistán

LONDRES | La caída de Muamar Gadafi será una bendición para el Medio Oriente y las potencias occidentales que apoyaron a los rebeldes. Para convertirse en una democracia -la meta declarada por los grupos rebeldes- Libia debe evitar la insurgencia al estilo iraquí, así como las disputas entre sus nuevos gobernantes. Libia tiene a su favor que carece de divisiones sectarias. Su sociedad es relativamente homogénea, aunque hay resentimientos, después de décadas de opresión.

El impacto para el resto del mundo árabe es más claro. Lo que cuenta allí es el derrocamiento de un tirano, lo que levantará el ánimo en Siria, donde se desarrolla otra revuelta reformista. También dará renovado estímulo a los egipcios y tunecinos que voltearon a sus dictadores, pero han estado luchando por el cambio constitucional. Libia dará renovado impulso a la primavera árabe.

También tendrá impacto en la OTAN. Se podía esperar que derrotara a las fuerzas torpes del coronel Gadafi en pocos días. En cambio, le llevó cinco meses y 17.000 incursiones aéreas. ¿Es vergonzoso para la OTAN? De ninguna manera. La alianza libró un buena guerra y logra la mejor de las victorias, teniendo en cuenta las circunstancias: en gran medida, la lograron los propios libios. Los rebeldes entraron a Trípoli sin ningún soldado occidental visible en tierra. No hay ningún indicio de que tropas de la OTAN seguirán el camino de los pilotos como en Afganistán.

Quizás Libia necesite una fuerza para mantener la paz, pero, por ahora, nadie ha propuesto a la OTAN para esa tarea. THE ECONOMIST

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