Niega su realidad y reprime en las calles

Medio Oriente se transforma. La valentía del pueblo de Siria que, sin armas, desafía a francotiradores y tanques, asombra al mundo Se siente humillado por las actitudes del presidente Bashar Assad

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THE NEW YORK TIMES

La noche que los rebeldes tomaron la ciudadela de Moamar Gadafi, el presidente de Siria, Bashar Assad ofreció seguridades extraídas del pasado: seguirá firme y los llamados a su remoción carecen de sentido.

"No estoy preocupado", declaró el presidente Assad en una entrevista por televisión, en la que dijo que el pueblo lo apoya y que fracasarán los planes urdidos desde el exterior. Sin embargo, con el final del régimen de Gadafi y las rebeliones en otras partes del mundo árabe, reprimidas o peligrosamente anárquicas, la sublevación en Siria surge como la primera línea de las revueltas árabes. En ocho meses, tres hombres fuertes cayeron en una región conocida durante décadas por líderes que morían en sus tronos. Mientras Libia y Siria tienen muy poco en común más allá de la represión, la aritmética de la región parece estar apostando en contra de los gobiernos autoritarios que no hacen las reformas necesarias.

"El cambio que tiene lugar en Libia en cumplimiento de las demandas del pueblo, a continuación de lo que ocurrió en Túnez y Egipto, debe enseñarle una lección a todos", dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Ahmet Davutoglu, en Etiopía, en una velada referencia a Assad. "Los líderes de otros países también deben ser conscientes del hecho que estarán en el poder mientras satisfagan las demandas de la gente".

Júbilo, fascinación y un atisbo de desdén a la dependencia de los rebeldes libios del poder de Occidente, repercutieron a lo largo del mundo árabe en la última semana, a medida que se difundían las imágenes de los rebeldes en la Plaza Verde (desde el pasado lunes, denominada de los Mártires), de Trípoli.

Los activistas sirios reaccionaron con rapidez para pedir cautela ante el intento de trazar paralelos entre las situaciones de Siria y Libia. Contrariamente a lo que ocurrió en Libia, ellos no tomaron ninguna ciudad. Muy pocos, si es que alguno, pide la intervención de Occidente, en tanto las fuerzas militares y de seguridad enfrascadas en una brutal represión contra ellos no muestran signos de fractura. Pero, la lección de las revueltas árabes fue reiterada: el poder absoluto ya no es indiscutido y la represión por sí sola no despejará las calles.

"La caída del régimen libio es una victoria para el mundo árabe", dijo Samir Nashar, una figura de la oposición que participó de las primeros actos de oposición a Assad. Recordó la escena, en la noche del domingo, en un bar en Aleppo, la segunda mayor ciudad de Siria y hasta ahora, relativamente aquiescente. Cuando la televisión anunció la detención de Seif Al Islam, el hijo de Gadafi al que se describía con frecuencia como heredero aparente, muchos en la concurrencia mayoritariamente intelectual de unas 70 personas, saltaron de sus sillas, se felicitaron unos a otros e intercambiaron besos.

"Esto va a dar un impulso al pueblo sirio para continuar", indicó.

Algunos analistas regionales sugirieron que también podría dar un impulso a Asad para continuar con la persecución. Uno de los tres líderes derrocados hasta ahora, Zine El Abidine Ben Ali, de Túnez, está en el exilio en Arabia Saudita; un enfermo Hosni Mubarak de Egipto, está siendo juzgado y apareció en la corte dentro de una jaula humillante; y Gadafi y su hijo, enfrentan acusaciones de crímenes de guerra que complicarán cualquier intento de exilio. Todos creyeron que podían frenar las revueltas, hasta que fue demasiado tarde.

Assad ha desdeñado las exhortaciones occidentales para que renuncie, como carentes de sentido y señaló que la represión que Naciones Unidas ahora estima que mató a 2.200 personas -solo este mes murieron 350- continuará. Por ejemplo, así ocurrió el último lunes, cuando las fuerzas de seguridad mataron a tres manifestantes en Homs, en el mismo momento en que un equipo de Naciones Unidas que recoge informaciones de la situación, visitaba la ciudad, que es la tercera mayor de Siria, según indicaron los activistas.

TUMULTO. "La lección para la próxima vez es irse temprano", indicó Nadim Shehadi, un académico de Chatham House, una organización de investigación en Londres. Assad "necesita entender, primero, que se terminó. Probablemente lo entienda, pero no lo demuestra. Después, necesita una estrategia de salida".

Desde el comienzo de la revuelta, el liderazgo de Assad, habiendo dilapidado el apoyo tradicional en las zonas rurales que ahora se han vuelto inquietas, ha dependido casi exclusivamente de un argumento que resuena en Siria, país que tiene fronteras con Irak al Este y Líbano al Oeste. Sus dos vecinos libraron guerras civiles que ahora sirven de base a la advertencia del gobierno sirio de que solo él puede frenar el caos, pese a que Siria está en una situación de mayor tumulto en estos días que en cualquier otro momento de su historia.

Túnez y Egipto permanecen como un capítulo romántico de las revueltas árabes. La sublevación en Libia siempre pareció tener un asterisco, debido a la intervención de la OTAN. En una región profundamente sospechosa de las intenciones extranjeras, los columnistas, los analistas y los residentes se preguntan qué podrían deberle los rebeldes libios a los países que intervinieron en su favor. Otros fueron más allá, al sugerir que el mayor crimen de Gadafi fue rendir a Libia ante los estados extranjeros a los que en otros tiempos desafió de manera ostensible.

El temor a un nuevo imperialismo fue uno de los argumentos que desplegó Assad en la entrevista por televisión.

Nunca mencionó a Libia. No tuvo necesidad de hacerlo. "No importa lo que se haga, siempre le dirán a uno que no es suficiente", afirmó. "No quieren introducir reformas porque quieren que los países sigan atrasados y sin posibilidad de progresar. No permitiremos que ningún país interfiera en las decisiones de Siria".

Pueblo decidido y débiles promesas

La firmeza y valentía de los manifestantes en Siria ha desconcertado a los observadores externos y sorprendido aun a muchos sirios. Pocos pensaron que Siria sería un probable participante de la primavera árabe. Se dice que su pueblo es manso y cálido por naturaleza y carece del fuego de los de Irak y Libia. Años de represión despolitizaron a la sociedad. Al menos algunas personas obtenían los beneficios de las reformas económicas. Pero, una y otra vez, durante los últimos cinco meses, los manifestantes sirios pusieron sus pechos en el camino de las balas, intentando enfrentar a matones brutales. ¿Qué los ha envalentonado? Los sirios mencionan la dignidad. Muchos dicen que antes toleraron al régimen de Bashar Assad, debido a que creyeron que estaba haciendo suficientes cosas bien. Pero, cuando el régimen empezó a disparar contra algunos ciudadanos, muchos más se sintieron humillados. La ira creció a medida que aumentó la violencia. Debido a que hay más de 2.200 muertos y miles más detenidos y torturados, casi todos conocen a alguien que ha sido afectado. La conducta personal de Assad también enfureció a los sirios. Rechazó las exhortaciones de las potencias a dejar el poder e hizo promesas débiles de reforma legislativa y elecciones para un parlamento sumiso. THE ECONOMIST

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