Sinfónica

La abrupta suspensión de un concierto y la renuncia del director de la Orquesta Sinfónica, el brasileño Roberto Tibirica, muestran que los llamados cuerpos estables del Sodre siguen en crisis y que no se avizoran soluciones inmediatas. Tiempo atrás, el cuerpo de baile encabezado por el astro argentino Julio Bocca logró sortear los escollos y salir adelante, pero lo consiguió gracias a que obtuvo apoyo del gobierno.

La orquesta, en cambio, huérfana de ese respaldo y del estruendo público que causó la amenaza de renuncia de Bocca, zozobra ahora por problemas administrativos, en este caso, el atraso en el pago de los salarios de sus miembros. Esa fue la razón por la cual el maestro Tibirica resolvió desligarse del Sodre aduciendo que no podía dirigir a músicos a quienes no se les pagaba y debido a la "situación caótica" que debía enfrentar a diario. De este modo, la continuidad de la temporada sinfónica quedó comprometida.

Las autoridades del Sodre se quejan de los problemas burocráticos que generaron el atraso en los pagos al tiempo que reclaman una reestructura institucional del organismo que posibilite una conducción más adecuada de sus distintos servicios.

El gremio de funcionarios, por su parte, insiste en que no se puede seguir trabajando en la precariedad y que deben procurarse soluciones definitivas. Uno de sus dirigentes señaló, a modo de ejemplo, que del casi centenar de trabajadores de la orquesta, apenas un tercio está presupuestado, mientras que el resto tiene contratos zafrales.

Caos y pobreza para la sinfónica contrastan con la magnificencia del nuevo centro de espectáculos del Sodre. Lujo y miseria de una institución que requiere cambios urgentes.

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