Leo Maslíah se jugó en el mundial de los tangueros

Festival. La actuación del músico era de las más esperadas

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LA NACIÓN | MAURO APICELLA

Para cualquier entendido en la materia, uno de los espectáculos del Festival y Mundial 2011 de Tango que más expectativa pudo haber generado fue el anunciado como Orquesta El Arrranque con Leo Maslíah.

Este encuentro tanguero es gratuito, pero el sábado más de uno habría pagado para ver de qué se trataba ese extraño cruce entre el más inesperado compositor de la música del Uruguay y el formal y exquisito conjunto El Arranque.

Por lo visto y escuchado, pareció más un recital de Maslíah seguido por un concierto de El Arranque, que terminó con un par de bises interpretados juntos. Algo muy habitual hoy, en el momento de sumar voluntades y esfuerzos para hacer música en vivo. Es cierto que algunos de los músicos de El Arranque -los bandoneonistas, primero; el contrabajista y el primer violinista, después- subieron a tocar en el bloque de Maslíah una serie de músicas escritas por este creativo compositor. Pero no lo hicieron como El Arranque. Es decir: pudieron ser ellos u otros los instrumentistas elegidos para esta tarea.

Envalentonarse. Dicen que como muestra alcanza un botón, y probablemente eso haya sido el concierto del sábado, incluso para los protagonistas. Quizá ni Maslíah ni los músicos del conjunto fueron conscientes, hasta esa presentación, del verdadero potencial que tienen. O quizás hayan necesitado atravesar tímidamente esta difícil prueba para envalentonarse y producir algo más integral (incluso para un disco) que contuviera algunos de los aspectos que en este festival se escucharon como ese botón de muestra. Los tangos deformes de Maslíah: esos clásicos a los que les cambia la letra por desopilantes historias, o instrumentales con interesantes variaciones, como una mareada versión de Los mareados o una geriátrica La primera sobriedad-La última curda y Naranjo en flor, de su etapa con el grupo Los Energúmenos. También los textos gardelianos musicalizados por El Arranque y esos tangos filtrados por gestos barrocos o por la música contemporánea que son un verdadero hallazgo dentro del redundante panorama tanguero actual. Todo eso muy bien le sienta al compositor, en compañía de El Arranque y de la chelista Lucía Gatti, que ya viene trabajando con Maslíah en otros espectáculos.

La noche del sábado fue atípica, no sólo por la presencia de Maslíah, sino también lo fue por comentarios, como el que más temprano la cantante Lidia Borda había lanzado al público que presenciaba su concierto: "Escuchar a Gardel es mejor que el yoga". La frase venía a cuento del exquisito repertorio gardeliano que llevó preparado y de todo el trabajo que le tomó adoptar esas músicas para su repertorio. Según ella, escuchar al Zorzal Criollo es una tarea muy saludable. Lidia es de las voces -que no son tantas- que entienden e interpretan plenamente lo que cantan.

Es una voz que tarda bastante tiempo en asimilar su repertorio. Pero todo ese proceso vale la pena porque, una vez terminado, se manifiesta en una devolución magistral. Así, magistralmente, sonaron temas como Senda florida, Alma en pena, Volver, Arrabal amargo, El sol del 25, entre otras joyas de ese cancionero.

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