CARLOS REYES
En el Teatro El Galpón se está presentando un espectáculo con muñecos que recupera un texto primerizo de Florencio Sánchez muy poco difundido. Se llama "Los soplados" y va todos los miércoles a las 20.30 horas, con dirección de Javier Peraza.
El material lo arrimó al grupo Títeres Cachiporra el investigador del teatro uruguayo Juan González Urtiaga, aunque hubo que trabajarlo bastante para darle su forma actual. "Este texto es muy particular, porque Sánchez lo escribió en Minas, a los 16 años, a raíz que tenía un trabajo en una comisión y vivió en carne propia esta historia, de burocracia y corrupción, cosas que siguen siendo muy parecidas hoy en día", comentó a El País Peraza, director de la obra.
Ésta fue impresa por entregas en 1891 en una publicación de filiación nacionalista, aunque lamentablemente quedó inconclusa. "Él la iba publicando por capítulos, y como a Sánchez lo terminan echando del trabajo, la obra se queda sin terminar, y él se viene para Montevideo. Pero es una rareza esta obra", explica el artista, quien afirma que la misma ha sido poco o nada representada.
"Nosotros la reescribimos, y le dimos un final, porque es muy cortita: son unas ocho o diez carillas, y la desarrollamos hacia las dos puntas, hacia el pasado y hacia el futuro", agrega Peraza, comentando que el argumento es muy sencillo, y tiene que ver con experiencias que el propio Sánchez vivió en carne propia.
"Es una historia que ocurre dentro de una comisión de un organismo público, y lo interesante es que él hace una escritura muy grotesca, muy de títeres. A modo de ejemplo, los personajes El Zorro, o El Nene, e incluso en algún momento un personaje dice `Usted se me vino con todos los muñecos`. O sea que está muy imbuido de una forma de escritura muy de Sánchez", afirma Peraza.
Fiel a su estilo, Títeres Cachiporra trabajó en el montaje con los recursos del teatro de animación, pero no con muñecos tradicionales. Con tres actores que tienen a cargo el trabajo de manipulación de los elementos (Ausonia Conde, Ernesto Peraza y Javier Peraza), la producción buscó prestar gran atención a los aspectos estéticos, según explica el propio director.
"La realización plástica llevó mucho trabajo, y además de los tres manipuladores, demanda todo un grupo de trabajo en el entorno. Es que los personajes tienen una particularidad: los hacemos dentro de una cortina de luz, porque es teatro negro, y una buena parte del espectáculo se basa en cabeza y manos. El espectador lo que ve son nada más que las manos de las personas, y una cabeza de títere. O sea que el resto del personaje te lo tenés que imaginar", señala.
Con mucho trabajo de manipulación directa sobre los objetos, el equipo no busca tampoco que los titiriteros desaparezcan completamente de la vista del público, sino que sean una presencia que también tiene que ver con el asunto.
Entre los elementos del decorado sobresale la maqueta de un edificio, donde se nota que acontecen cosas cotidianas, a través e pequeñas sombras que se ven por una ventana. También hay un ascensor que sube y baja, aportando interés a los elementos secundarios. "Ese edificio lo trabajamos casi como si fuera un juego de niños, donde manipulamos cosas, por ejemplo autos que llegan, o personajes, cosas, gente que sube por el ascensor. Esa es otra parte técnica del espectáculo", puntualiza Peraza, agregando que otro elemento reproduce como una partida de ajedrez, como representando el juego de la vida. "Los personajes trabajan con un tablero y con piezas de ajedrez sobre la mesa", dice el director.
Peraza (Montevideo, 1949) remarca cierto carácter lúdico que el texto de Sánchez ya ofrecía. "Se nota que para él, en ese momento, fue totalmente un juego, y lo planteó así, y me parece fantástico. Aparte me pareció fantástico porque a Sánchez muchas veces se lo ve como una cosa anquilosada, como fuera de lugar. En ese sentido, muchas de las puestas de sus textos fracasan porque no dan en lo que el público quiere ver. Y nosotros quisimos hacer algo de cuando él era bien joven, un adolescente que, sin embargo, ya tenía la agudeza en su escritura para plantarse ante la injusticia. Esta es una cara de Florencio Sánchez totalmente diferente", remata el conocido hombre de teatro, director de Títeres Cachiporra.