Los días en que las aguas son rojas

El cineasta Psihoyos planeó todo minuciosamente, como si fuera una misión militar secreta, para rodar con cámara oculta. Formó su comando audiovisual y volvió a Japón, armado con rocas falsas donde meter minicámaras y otros artilugios como un pequeño helicóptero teledirigido. Y en eso consiste buena parte del documental, en enseñar el increíble proceso para lograr filmar la matanza. Esta llega al final. Es indescriptible, no sólo por los litros de sangre derramados, sino sobre todo por los alaridos de los delfines y por alguna que otra conversación robada a los pescadores, en las que ellos mismos reconocen la destrucción del ecosistema marino, al recordar épocas pasadas en las que el mar estaba lleno de cetáceos.

Las imágenes chocan también a los japoneses. El equipo las enseña en las grandes ciudades. Ric O`Barry se coloca en mitad de la calle, con un televisor adosado a su cuerpo. Las imágenes espantan. Los japoneses de a pie las miran con disgusto. No parecen conocer lo que hacen los pescadores de su país.

Pero el gobierno japonés decía que la caza de delfines es parte de su cultura. Era uno de los argumentos. También decía que hay demasiados delfines que se comen demasiados peces.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar