LONDRES | THE NEW YORK TIMES
"Vine aquí para obtener lo que vale mi dinero", afirmó un joven que dijo llamarse Louis James, de 19 años, participante en los crecientes disturbios que han sacudido a Londres. Con un ligero aire de culpabilidad, James hizo alarde de lo que describió como un suéter de diseñador de 195 dólares que, destacó, había saqueado días atrás en Camden Town, una aburguesada zona en el Norte de Londres.
En días recientes, jóvenes alborotadores y saqueadores como James han dominado los titulares periodísticos e informes por televisión a lo largo del mundo, impulsando a una convocatoria para una sesión extraordinaria del Parlamento y obligando al destacamento de miles de agentes de Policía.
La conducta generalizada de tipo antisocial y criminal por parte de jóvenes y normalmente personas desempleadas ha inquietado desde hace tiempo a Gran Bretaña. Los ataques y el vandalismo de pandillas de jóvenes son "una plaga sobre las vidas de millones``, señalaba un informe gubernamental de 2010, comisionado tras las consecuencias de varias muertes relacionadas con este tipo de pandillas.
La investigación del gobierno reveló que si bien se informaba de apenas una cuarta parte de este tipo de incidentes, de todos modos se habían presentado 3,5 millones de quejas a la Policía. Hay una aplicación del iPhone para registrar ataques, en tanto un emprendedor inventor comercializó un aparato, conocido como el mosquito, que supuestamente emite un ruido de alta frecuencia que solo puede ser oído por los jóvenes, como un medio para que comerciantes mantengan alejadas a las pandillas.
CRIMINALES. Políticos, tanto conservadores como liberales, la Policía y la mayoría de los residentes de áreas golpeadas por la violencia describieron casi de manera unánime los disturbios más recientes como criminales y anárquicos, carentes incluso de una traza del mensaje en contra del gobierno y de la austeridad que ha impulsado muchas de las violentas protestas en otros países europeos.
Sin embargo, los disturbios también reflejan la alienación y resentimiento de muchas personas jóvenes en el Reino Unido, donde un millón de personas entre 16 y 24 años están desempleadas, el mayor número desde la profunda recesión de mediados de los ochenta.
Los disturbios en Londres empezaron cuando los manifestantes se reunieron afuera de una estación de Policía en el Norte de la capital británica tras el tiroteo de un hombre local supuestamente por parte de agentes. Desde hace ya tiempo atrás, la Policía había tenido relaciones difíciles con minorías raciales y étnicas, y ha buscado repararlas, aunque los manifestantes han venido de todo tipo de antecedentes. Días más tarde en Hackney, donde tuvieron lugar algunos de los disturbios más feroces, un joven vestido con una sudadera gris con gorro les gritó directamente a oficiales de Policía a la cara: "¡Ustedes saben que todos ustedes son racistas! Lo saben``.
CRISIS. La combinación de desesperación económica, tensión racial y actividad de pandillas tiene "un efecto devastador sobre comunidades``, destacó Graham Beech, oficial de Nacro, organización de caridad de prevención del crimen. "Es algo que la gente común ve en sus caminatas al trabajo - embriaguez en las calles, vandalismo, intimidación - y eso incide sobre el temor general al crimen``.
A mismo tiempo que las medidas de austeridad del gobierno empiecen a entrar en vigor, los jóvenes verán una reducción de sus oportunidades de empleo y recortes a su apoyo financiero y de comunidad, dijo Beech. "El aburrimiento, la alienación y el aislamiento serán factores a considerar``, notó.
En muchas formas, las circunstancias de James son típicas. Vive en un apartamento subsidiado por el gobierno en el Norte de Londres y recibe 125 dólares en prestaciones para desempleados cada dos semanas, aunque dice que prácticamente ya renunció a la idea de buscar empleo. Destaca que nunca ha tenido un empleo en forma y apenas aprendió a leer hace tres años. Su madre puede mantenerse a duras penas a sí misma y a sus hermanastros y hermanas. Su padre, quien era adicto a la heroína, ya murió.
Dice que estuvo y fue expulsado de demasiadas escuelas para recordar el número y que abandonó definitivamente el sistema educativo cuando tenía 15 años.
Discriminación. "Nunca nadie me ha dado una sola oportunidad; tan solo estoy enojado ante la forma en que funciona todo el sistema``, dijo James. Le gustaría obtener un empleo en una tienda de ventas pero reconoce que pasa la mayoría de los días viendo televisión y meramente intentando sobrevivir.
"Así es como ellos quieren que sea", dijo, sin especificar claramente quiénes eran "ellos". "Me dan suficiente dinero solo para que pueda comer y ver televisión. Ya ni siquiera pago mis cuentas".
Jonathan Portes, el director del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social en Londres, dice que la dura situación de James refleja una tendencia mayor aquí.
Estudiantes que representan un desafío mayor, destaca Portes, no han estado recibiendo la atención que deberían a medida que profesores, bajo la presión de cubrir objetivos educativos, se concentran en niños provenientes de hogares más estables, aquellos que cuentan con más habilidades y facultades sociales.
Desencantados, quienes no pueden mantenerse al paso social terminan meramente desertando del sistema.
Titulares periodísticos aquí han estado saturados en años recientes por el giro de las pandillas hacia la intimidación de los más vulnerables en la sociedad. Casi 30 por ciento de las víctimas de conducta antisocial que fueron encuestados por el informe del gobierno dijeron que padecían "enfermedades desde hacía largo tiempo atrás, discapacidades o alguna dolencia``.
El pasado lunes, en un complejo habitacional de bajos ingresos en Hackney, una anciana mujer fue hospitalizada tras un disturbio en el cual casi 300 personas causaron destrozos, incendiando automóviles y saqueando tiendas. Dos sacerdotes, uno vestido con el hábito completo, fueron traídos por la Policía a fin de que convencieran a los alborotadores de permitir el paso de una ambulancia para llevarla a un lugar seguro.
"Necesitamos sacar a esta gente", dijo uno de los sacerdotes a un agente de Policía. Sin embargo, tan pronto como se marchó la ambulancia, los oficiales abandonaron el barrio, y los saqueadores atacaron de lleno una vez más.
Más tarde, cuando le preguntaron a un hombre joven, que pateaba un bote de basura por la calle cerca de ahí, la razón por la cual participaba en el disturbio, meramente se encogió de hombros.