Medio siglo después de su construcción, el Muro de Berlín, desaparecido en 1989, proyecta aún hoy su sombra en Alemania, donde continúa marcando la mentalidad de sus pobladores, con una división real entre el Este y el Oeste.
"Sí, todavía hay un gran muro. Veinte años después de la reunificación, los alemanes todavía se ven como extranjeros los unos con respecto a los otros", explica el politólogo de la Universidad Libre de Berlín, Klaus Schroeder.
Pese a los esfuerzos realizados desde la reunificación para atenuar las diferencias entre la República Federal de Alemania, que formaba parte de Occidente, y la República Democrática Alemana, que era parte del bloque soviético, el sentimiento de desigualdad sigue siendo extremadamente mayoritario.
En un reciente sondeo, realizado con ocasión del 50º aniversario de la construcción del Muro el 13 de agosto de 1961, el 83% de los interrogados en los seis Lander (estados regionales) del este consideraron que todavía existe "un muro invisible", un abismo cultural. Y la proporción alcanza el 90% en los encuestados originarios de Sachsen-Anhalt, uno de los Lander más desfavorecidos, según este estudio realizado por el semanario "Super-Illu", que está dirigido al electorado del este.
Vacío. "La mayoría de los alemanes del este no saben a qué mundo pertenecen, no se consideran como miembros de pleno derecho en una Alemania unificada. Pero tampoco quieren un regreso a la RDA", dice Schroeder.
"Una mayoría sueña con una Alemania del Este que ellos mismos han modelado, la fantasía de un Estado social, idealizado, un país donde, ciertamente, no se tenía mucho, pero sin embargo funcionaba", agrega el politólogo, que describe este sentimiento como la "ostalgia", la añoranza de la ex RDA. Ostalgia es un acrónimo de las palabras Ost (este) y Nostalgia.
"Hay incluso un cierto número de valores que han desaparecido", explica por su parte Frank Holzmann, originario de Rostock, que dirige una asociación de reinserción de parados de larga duración en Marzahn-Hellersdorf.
Recientemente, Holzmann fue a ver "Hinterm Horizont", una comedia musical sobre Berlín en los tiempos del Muro, obra del cantante de rock germano-occidental Udo Lindenberg, y quedó muy decepcionado: "No eran más que banalidades, la Stasi, el dopaje, como si solo hubiese existido eso".
Quejas. Holzmann encuentra muy "injusto que `extranjeros` nos cuenten cómo se supone que vivimos".
Del lado oeste, se sigue considerando a los "Ossies" como un "poco retrasados", recuerda el profesor Schroeder. Y asegura que al igual que hay un sentimiento de "ostalgia", existe el de "westalgia", aquel tiempo en el que la RFA no tenía que pagar por ayudar a sus vecinos.
Los occidentales "dicen que pagan por todo" (entre 80.000 y 100.000 millones de euros son transferidos cada año del oeste al este), subraya el universitario y dice "que además deben soportar el descontento de la gente del este y el auge de la extrema derecha como el de la extrema izquierda".
Este abismo cultural no se reduce porque las condiciones de vida a ambos lados del "muro invisible" son sensiblemente diferentes.
Según un estudio del Instituto de Investigaciones IW de noviembre de 2009, el PIB por habitante en la ex RDA es hoy el equivalente al 70% del de la ex RFA, contra el 30% en 1991.
El instituto económico predice que se llegará al 80% en 10 años, pero considera que la igualdad perfecta es utópica.
Según Schroeder, se necesitarán aún entre "15 y 20 años antes de que las diferencias (de mentalidad) Este-Oeste se conviertan en simples diferencias regionales, de la misma manera que existen entre el Norte y el Sur".
En su barrio de Marzahn-Hellersdorf, Holzmann agrega: "Yo mismo, cuando agarro el coche digo que voy al oeste".