Aquí me pongo a cantar

RICARDO REILLY SALAVERRI

Días pasados leía un comentario sobre folklore nacional relativo a conceptos que siento válidos. Expresaré sobre el tema, algunas consideraciones personales (El País cultural, viernes 5 de agosto de 2011, "La guitarra y el canto criollo", "Santiago Chalar, 1938-1941", Guillermo Pellegrino, pags. 1 y ss.).

"Folklore", que de eso se trata, en castellano -reza la Real Academia- se dice "folclore" y alude al "conjunto de creencias, costumbres, artesanías, etc., tradicionales de un pueblo" y a "la ciencia que estudia estas materias". Dentro del primer concepto se ubican la música y el canto, cuando son inseparables de un determinado escenario de tiempo y espacio. Realizaciones que conocen de un desarrollo constante que a veces se despega -totalmente incluso- de su esencia original.

Entre nosotros, un pionero que investigó con paciencia incomparable los orígenes y las manifestaciones del canto nativo, lo que vinculaba científicamente a la antropología, fue Lauro Ayestarán, compatriota desaparecido lejanamente en el pasado siglo. Sus estudios siempre vigentes, parecen no obstante hoy reliquia del pasado, ya que tratan sobre materias que actualmente el endemoniado aluvión de expresiones artísticas universal y su difusión sin fronteras merced a los medios de comunicación, nos sumergen en una realidad confusa y distinta.

Distinguía - Ayestarán- entre el hecho histórico al que una manifestación artística estaba naturalmente vinculada, de las interpretaciones que hacían luego, quienes estribaban en ellas para componer nuevas armonías musicales y cantos ("Teoría y práctica del folklore", Lauro Ayestarán, ed. Arca, 1968). Como música netamente oriental ubicaba fundamentalmente al cielito, al estilo, al pericón, a la media caña, la cifra, la milonga y la chamarrita.

Las mencionadas expresiones artísticas desde los tiempos de la colonia estuvieron vinculadas al canto acompañado de "vihuela", la guitarra, y luego del acordeón. La guitarra, merced a su fácil traslado, principalmente a caballo, fue protagonista y acompañó el arte de payadores, repentistas, que cantaban por cifra y milonga.

Entre los intérpretes de folclore más reciente, solistas, inspirados en la realidad cultural y social de lo telúrico, de nuestro campo, han destacado los fallecidos e incomparables, Santiago Chalar (el médico Carlos Paravís) y Amalia de la Vega, quienes separaron al discurso político de su canto, que pintaba con certeza el paisaje y sentimiento auténtico de las mujeres y los hombres de nuestra campaña. Desnaturalizado reiteradamente por el folclore militante de asfalto, movido por una artificialidad política propia de la visión urbana y montevideana de las cosas.

He de agregar, que para Ayestarán la otra gran manifestación folclórica oriental son el tamboril y el candombe que llegaron con el tráfico de esclavos, gabela tempranamente abolida en el país.

Otro día, ahondaré en otras personas y en los folcloristas nacionalistas. Cuya presencia más actual mantuvo vivas tradiciones que deben perdurar. Con arraigo rural y sin resentimientos, ni confrontación republicana.

"Chalar y Amalia de la Vega interpretaron el sentimiento real de nuestra campaña".

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