Viaje a la raíz del odio y la violencia

Importante. El viernes se estrena la película "Incendies" del canadiense Denis Villeneuve

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GUILLERMO ZAPIOLA

Fue candidata como mejor película extranjera en la última entrega de los Oscar, y muchos sostienen que debió ganar. Hay un considerable interés previo en "Incendies", film dirigido por el canadiense Denis Villeneuve que se estrena el viernes.

La película ganadora fue en definitiva En un mundo mejor de Suzanne Bier, que ciertamente está bien, pero muchos se quedaron con la sensación de que la Academia había cometido un error (bueno, no sería el primero). La acción de Incendies, que adapta una elogiada pieza teatral del libanés Wajdi Mouawad, se dispara cuando dos hermanos mellizos (Mélissa Désormeaux-Poulin y Maxim Gaudette) asisten a la lectura del testamento de su madre (Lubna Azabal). El escribano actuante les entrega dos sobres, uno destinado a un padre que creían muerto y el otro a un hermano cuya existencia desconocían.

A partir de ahí la joven Désormeaux-Poulin comienza a entender el enigmático silencio en el que la madre se había encerrado durante las últimas semanas de su vida, y decide viajar a Medio Oriente para intentar desentrañar un ignorado pasado familiar.

A su hermano el asunto no le importa demasiado, pero el afecto por su hermana lo hace acompañarla. A partir de ahí surgirá una imagen materna muy diferente de la que habían conocido desde siempre. La tragedia, el odio, la violencia, y también el coraje, se descubren en ese pasado como el trasfondo de determinados comportamientos hasta entonces incomprendidos por los personajes.

El director y guionista Villeneuve ha contado que cuando vio por primera vez la obra teatral de Mouawad tuvo la misma impresión que recibió al ver por vez primera Apocalypse Now. Literalmente, afirma, se quedó sin aliento, y supo de inmediato que tenía que hacer una película.

El texto de Incendies, sostiene Villeneuve, es como la partitura de un gran compositor clásico: inspira directamente imágenes fuertes. La puesta en escena de Mouawad, según el cineasta, está llena de imágenes muy potentes, de una belleza muy particular. El director lamenta no haber podido usar muchas cosas que están en la pieza porque "pertenecen al alfabeto del teatro", pero cree haber logrado su objetivo de traducirlas al lenguaje del cine.

"Wajdi Mouawad me dio algunas claves que me han ayudado", dice igualmente Villeneuve. "Aceptó prestarme Incendies cuando leyó unas cincuenta páginas que le propuse como esbozo, y me hizo el más hermoso de los regalos: la libertad. Sencillamente, me dio carta blanca. Pienso que es la única forma de hacer una adaptación. Hace falta que el autor nos haga el regalo de que podamos cometer nuestros propios errores".

No hay referencias explícitas al país del Medio Oriente en el que se transcurre la historia (puede ser uno de varios, aunque hay que recordar que el autor de la obra teatral es libanés), y la filmación se llevó a cabo mayoritariamente en Quebec y Jordania. Eso fue algo que inquietó a Villeneuve mientras elaboración del guión. Finalmente decidió conservar el mecanismo teatral de inscribir la historia en un espacio imaginario (Villeneuve ilustra el punto aludiendo a Z de Costa Gavras, tal vez sin recordar que, aunque nunca se dice donde transcurre, todo el mundo sabe que se trata de Grecia). De todos modos, agrega el cineasta, su intención fue desvincular la película de cualquier idea política preconcebida. "La película trata de política pero también es apolítica", señala con una dosis de paradoja.

Su intención, dice también, fue crear deliberadamente un torbellino político alrededor del personaje de la madre. Las guerras que han agitado la región desde siempre, explica, incluyen a veces hasta diecisiete facciones diferentes, con unas alianzas y unas traiciones de una complejidad desconcertante para quien contempla las cosas desde afuera. Para ser fiel a esa realidad entendió que había que mantener la complejidad de la situación política sin perjudicar la narración. "En esta película, es necesario que el espectador entienda lo esencial de lo que hay que entender, y acepte que la situación es demasiado compleja como para simplificarla en polos maniqueístas", afirma. De todos modos, quienes conocen del tema van a reconocer referencias al dilatado conflicto libanés, que según Villeneuve no es tanto un problema estrictamente religioso, "sino la relación de poder que se ejerce a través de la religión".

A Villeneuve le preocupaba que el material dramático de la pieza derivara hacia el melodrama, y para evitarlo buscó "la sobriedad de un realismo crudo, conservando el factor mitológico de la obra, con la ayuda de una elaboración de la luz natural y de las sombras". La emoción no debe ser un fin, sino un medio para lograr el efecto deseado de catarsis, sostiene.

El elenco del film combina actores profesionales con otros que no lo son, reclutados en las calles de Jordania. Villeneuve está particularmente orgulloso de Lubna Azabal, quien interpreta a la madre y de la que solamente puede decir "que es extraordinaria". Mélissa Desormeaux-Poulin fue el resultado de un arduo trabajo de casting. En cambio, el actor que interpreta a su hermano (Maxim Gaudette) vino de muy cerca. Ya había trabajado en la película anterior dirigida por Villeneuve.

Incendies es el cuarto largometraje del canadiense Villeneuve, quien debutó en el formato en 1998 con Un 32 août sur Terre, se presentó en más de treinta festivales internacionales y participó en las secciones oficiales de festivales como Cannes (Una Cierta Mirada) y Toronto. También representó a Canadá en los Oscar.

Su segundo largo, Maelström (2000), estuvo también en numerosos festivales (entre ellos Sundance y Toronto) y ganó más de veinticinco premios. El más importante fue el de la Fipresci en Berlín.

En 2008, Villeneuve recibió el Premio Canal+ al Mejor Cortometraje en la Semana de la Crítica de Cannes por su corto Next Floor. En 2009 presentó en Cannes su tercer largo, Polytechnique, que obtuvo también el premio a mejor película canadiense otorgado por la Asociación de Críticos de Toronto.

Dramaturgo que ha recibido elogios

Considerado una de las revelaciones del teatro internacional de la últimas décadas, Wajdi Mouawad nació en el Líbano en 1968. Su familia abandonó el país cuando tenía ocho años, debido a la guerra civil. Vivieron primero en Francia y luego en el Canadá, donde se asentaron en 1983. Estudió en la Escuela Nacional de Teatro de Montreal y luego fundó con Isabelle Leblanc la compañía Théâtre Ô Parleur, para la cual dirigió varios espectáculos.

Mientras escribía sus propias obras siguió dirigiendo en sucesivas compañías: el Théâtre de Quat`Sous de Montreal, el Abé Carré Cé Carré (que codirige con Emmanuel Schwartz) en Montreal, y Au Carré de l`Hypoténuse, en la ciudad de París.

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