Jorge Amado

Ruben Loza Aguerrebere

Se cumplirán (el sábado) diez años del día que levantó el vuelo Jorge Amado, rey de Bahía. Se fue a cuatro días de cumplir los 89 años. Finalista del Premio Nobel de 1988, la Academia Sueca eligió, en el mismo idioma, a José Saramago.

Recuerdo que el escritor minuano, entonces vicepresidente de la Academia de Nacional de Letras, Santiago Dossetti, me entusiasmó para que enviara mi primer libro de relatos a Jorge Amado, hace muchos años. El escritor brasileño se había exiliado en el Uruguay, en los años 40; había estado en Minas (donde yo nací, y se ambientaban los relatos) y se había hospedado, incluso, en casa de Dossetti. Le envié un ejemplar.

Guiado por una melancólica curiosidad, antes de escribir esta crónica, busqué sus cartas sobre aquel envío, que diera lugar a una cordial relación. Dentro del ejemplar de "Tenda dos milagros" que me había remitido con generosa dedicatoria encontré cuatro misivas del escritor, que releí con emoción. Es probable (como habría imaginado Dossetti, supongo) que el libro le recordara nuestra ciudad de las colinas y que le dictara cartas tan cercanas y cordiales, aunque espaciadas a lo largo del tiempo.

Pero vamos a los temas de su correspondencia. Hay una carta donde habla de los tiempos que lo expulsaron del Brasil, cuando pasó por Minas. Me cuenta que acaba de editar la novela "Uniforme, casaca, camisón", cuya acción se ubica fuera de Bahía, en el sertón y la región del cacao.

Refiere que está centrada en la vida en un pequeño sector de la intelectualidad metropolitana, y que se trataba de una novela de contenido marcadamente político, ambientada en 1940, en Río de Janeiro, relatando la lucha de los intelectuales brasileños contra el fascismo, la dictadura y el militarismo.

Pero el reino de Jorge Amado fue Bahía. De ella tomó sus calles, sus hombres y sus inolvidables mujeres: hermosas mulatas como las protagonistas de "Gabriela, clavo y canela", "Doña Flor y sus dos maridos" y "Teresa Batista, cansada de guerra".

Hoy se han vendido más de treinta millones de ejemplares de los libros de Jorge Amado, los que están traducidos a cuarenta idiomas. Nueve de sus novelas pasaron al cine; once se llevaron a la TV.

Pues bien: ¿cuál era el secreto de su enorme reconocimiento? La respuesta está en otra de sus cartas, donde decía: "Mi creación novelesca deriva de la intimidad, de la complicidad con el pueblo. Aprendí del pueblo y de la vida; soy un escritor, no un literato".

Con las redes de su lenguaje tejió aventuras plenas de gracia, situadas en Salvador de Bahía, con el pueblo entero hormigueando en sus páginas. Un mundo que sin duda seguirá danzando en la memoria de todos los que visiten sus historias, así que pasen los años.

NOVEDADES EDITORIALES. Ha retornado la novela "Historia de un abrigo" (Anagrama/Gussi), de Soledad Puértolas. Su centro es precisamente un abrigo que va de persona a persona. La historia tiene multitud de historias. Y a medida que el lector las sigue, pasea además por la historia española del siglo XX. Bienvenido libro.

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