Acaba de dejar su puesto como ministro de Salud para convertirse en titular de la cartera de Desarrollo Social, "en olor a santidad", Daniel Olesker. Esa es la sensación que se tuvo al escuchar los elogios que le prodigaron correligionarios y compañeros de gobierno. Los ditirambos se relacionaban con la Reforma de la Salud y la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS).
Reforma que cambió profundamente el sistema que imperaba hasta la fecha, con el cuidado de la salud pública por un lado, la cobertura en el mutualismo a través del Banco de Previsión para todos los asalariados aportantes al mismo y el sistema de mutualistas para quienes o estaban fuera del paraguas del BPS o preferían afiliarse a una mutualista que no figuraba dentro de la lista de prestadoras que cubría Disse. Luego, más cerca en el tiempo, aparecieron los seguros médicos privados.
Desde el 2008 en adelante, el monto total de la recaudación del sistema mutual cambió de manos y el que administra esa montaña de dinero es en el presente, papá Estado. Toda una garantía sin duda, ya que sobran los ejemplos de lo buen gerenciador que es, lo poco que se despilfarra en la gestión estatal y la alta productividad y resultados que lo caracteriza. A partir de entonces, las prestadoras de salud reciben del ogro filantrópico, (dixit Octavio Paz), una cápita por cada uno de sus clientes. Ecuación que ha producido un desfinanciamiento generalizado en el ámbito mutual, pues no alcanza para cubrir los gastos que han crecido al ritmo del aumento de usuarios debido a la creación del Fonasa. Mucha gente que no formaba parte de la clientela del mutualismo, pasó a serlo.
Si bien no todo ese sector se distinguía por lo saneado de sus balances, dentro de FEMI, la organización que nuclea a las mutualistas del interior, antes de la reforma eran muy pocas las que tenían números en rojo. A partir del cambio orquestado en el gobierno de Tabaré Vázquez, liderado por Olesker, hoy ese color es el que predomina en la mayoría de sus hojas. Situación que hace inexorable bajar los gastos aunque haya que sacrificar calidad. Se afecta así la atención que reciben los enfermos, ocurre con los equipos y materiales cuya compra necesita de nuevos trámites burocráticos para lograr la aprobación del Gran Hermano, se alargan las esperas y demás. O sea, más usuarios en el mutualismo y peor asistencia en el mismo.
Entre los argumentos esgrimidos una y otra vez a favor del proyecto del Servicio Nacional Integrado de Salud (SNIS) hoy manejado por una poderosa central burocrática, (el dinero da poder y es inmensa la cantidad de plata que controla), uno repetido era que la salud pública, ahora englobada dentro de ASSE, al tener que atender a una menor población, porque muchos elegirían pasarse al sector considerado privado, mejoraría sustancialmente sus prestaciones. Se trasladaron unas 12.000 personas y seguramente no fueron más, porque mucha gente ni se enteró, no le advirtieron en el momento del primer trámite que a pesar de la centralización del novel sistema, había que hacer papeleos en distintos lugares. Aquel que no lo hizo en la mutualista que deseaba, automáticamente quedó dentro de ASSE. Varios ya se han llevado esa sorpresa.
Sin embargo, frente a todo lo anunciado lo que en la actualidad se percibe es muy diferente.
El nuevo Fonasa requiere que Rentas Generales le inyecte dinero porque no le alcanza y ASSE, el organismo descentralizado del Ministerio de Salud Pública, demanda en la Rendición de Cuentas que se le otorgue un enorme aumento presupuestal ($12.000 millones anuales en 2009), aparte de todo el dinero del que se apropiaron al expoliar a las Cajas de Auxilio, un capital aportado por sus miembros, sino que tanto ASSE como el Clínicas, el hospital universitario que también atiende a los usuarios de ASSE continúan dando un espectáculo lamentable. La falta de camas de cuidado intensivo, la mala coordinación para suplir esa escasez con los prestadores privados, las ambulancias con pacientes que no pueden ingresar, que andan deambulando o mueren en la calle, quirófanos que se cierran y un largo etcétera que dará para otro artículo.