La decisión de la Intendencia de Montevideo de prohibir viajar con mochilas puestas en los ómnibus se presta para varias reflexiones. La primera es que parece tratarse de una cuestión de sentido común, que no debería necesitar una regulación oficial. Además consagra como algo normal, pese a que no pasa en otras partes del mundo, el hecho de que los usuarios del transporte público deban viajar parados y apretados como sardinas.
Pero por encima de esto, la noticia obliga a hacerse dos preguntas. ¿Cómo piensa fiscalizar la norma la intendencia, cuando no logra controlar eficientemente cosas serias como el tránsito, el manejo de la basura o los ruidos molestos. Y sobre todo ¿no hay en la ciudad de Montevideo otras prioridades que enfocar antes que un tema tan menor?