Ricardo Reilly Salaverri
En nuestro país históricamente se abrieron dos grandes líneas de actitudes políticas y sociales.
Una fue, ha sido y es, la de los primeros españoles y criollos, las oleadas inmigratorias provenientes principalmente de España e Italia, los cuales en medio de coincidencias y enfrentamientos desde comienzos del siglo XIX moldearon al país y en las que se encuentran las raíces -entre otras cosas- del respeto al himno, el escudo y la bandera, a la Constitución, al Estado de Derecho, al respeto a los demás y a lo ajeno, y las de la consideración del esfuerzo y el trabajo como sentido de la vida individual y como contribución a la realidad colectiva. Todo lo que se transmite de padres a hijos y fue, además, guía de la vieja educación pública y de la educación en general. Sus primeras intenciones fundacionales e institucionales están en los pronunciamientos artiguistas y la Constitución de 1830.
Es ésta, en su desarrollo, una línea de cimiento nacional, de ideas integradoras de la población por sobre diferencias de condición, que busca el progreso y el bienestar de todos. Hizo que Uruguay alcanzase desde ayer niveles de vida y calidad institucional únicos a nivel latinoamericano.
Paralelamente, hacia fines del siglo XIX, dentro de las inmigraciones citadas hubieron quienes traían arraigadas las ideas anarquistas. Así, una Federación Montevideana de la Asociación Internacional de los Trabajadores decía en sus estatutos, aprobados en junio de 1875, que su objetivo era la emancipación económico-social de los trabajadores, lo que comprendía "hacer que el capital, las materias primas y los instrumentos de trabajo... vayan a parar a manos de trabajadores organizados en asociaciones libres", al tiempo que afirmaba sostener el principio del internacionalismo y la práctica de la resistencia para que "el trabajo quede triunfante en todas las luchas que sostenga contra el capital".
Es ésta una visión desarraigada del ser nacional, totalitaria, internacionalista y patrocinadora del enfrentamiento entre compatriotas.
De esta última circunstancia nacieron el socialismo del Dr. Frugoni, y de éste posteriormente el Partido Comunista -una sucursal apátrida del fallido y brutal imperio soviético- y las organizaciones terroristas que asolaron a la nación desde mediados de los años 60 del pasado siglo. Más temprano o más tarde, las organizaciones políticas y gremiales mencionadas (que por más maquillaje que se quiera usar conforman una misma cosa), han sido y son el numen del Frente Amplio y del actual gobierno nacional. Esta orientación política promueve expropiatorias e ineficientes ideas socialistas. La legislación laboral es un buque insignia (hay 5.000 trabajadores que desde hace un año y medio tienen paradas sus reclamaciones judiciales porque la Suprema Corte de Justicia considera inconstitucional a la ley de proceso laboral del Pit-Cnt y del Dr. Vázquez). La política tributaria confiscatoria es otro (IRPF, IASS, Fonasa, etc.). Y habrá más. En la línea de los estatutos de la Federación Montevideana citada, que se mantiene vigente. Porque como decía Aristóteles, la historia es siempre historia contemporánea.