Colonia en peligro

Antonio Mercader

Costó mucho lograr que Colonia del Sacramento fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Tanto costó que duele escuchar a alguna autoridad diciendo que no importa que se pierda tal condición. La propia Unesco advierte que ese riesgo existe, una amenaza que, de concretarse, minaría buena parte del atractivo de la ciudad.

Quienes hoy pontifican a la ligera sobre el destino del barrio histórico parecen ignorar los esfuerzos desplegados en cuatro décadas por el Consejo Ejecutivo Honorario de Colonia del Sacramento integrado por personalidades locales movidas por su amor a ese casco colonial, rara fusión de los estilos portugués y español. Fruto de sus trajines fue la inclusión de Colonia en esa lista privilegiada de sitios que son patrimonio cultural del mundo entero.

El ingreso a la lista se obtuvo en 1995 tras un largo proceso que incluyó inspecciones de expertos internacionales y un constante aporte de fundamentos de la solicitud. Un año antes me correspondió, como ministro de Educación y Cultura del Partido Nacional, presentar formalmente el pedido al entonces director general de Unesco, Federico Mayor, y sus asesores.

Mayor conocía el sitio y era firme partidario de dar el sí. El gobierno uruguayo venía negociando el tema con él desde fines de los ochenta apoyado por el Consejo. Fueron muchos quienes colaboraron en el empeño, pero de esa lista es justo rescatar el trabajo de Fernando Assuncao, historiador y conservacionista de origen portugués, y presidente del Consejo.

En aquel momento, Mayor insistió en que la conducción del sitio debía estar a cargo de los vecinos del lugar. Ese principio cardinal, respetado por los sucesivos gobiernos, es el que hoy se desconoce so pretexto de que un manejo más eficiente se hará desde el ministerio de Educación y Cultura, en Montevideo. Así, por resolución ministerial se absorbió la gestión patrimonial, una alcaldada que precipitó la renuncia en bloque de los miembros del Consejo.

Adalid de la visión centralizadora, María Simon, subsecretaria del ministerio, asegura que "la mirada local es de corto plazo", un defecto que, según ella, se corregirá con la salvadora intervención ministerial piloteada desde Montevideo.

De este modo, Simon viola no solo las promesas de descentralización del programa del Frente Amplio sino que atenta contra las normas de Unesco ratificadas por su organismo consultor, Icomos, que acaba de recordarle al gobierno uruguayo que "es especialmente conveniente una gestión de base local y no centralizada desde la capital del país".

A la vez, detalle significativo, Icomos denuncia que detrás de esta centralización hay "presiones inmobiliarias, especulativas y de expansión comercial".

Impertérrito ante tan grave denuncia, el ministerio sigue adelante mientras afirma, en un comunicado plagado de errores de puntuación y de sintaxis, que con su nueva propuesta para Colonia "está ejecutando una política de Estado".

Nada más lejos de la verdad. Política de Estado era la descentralización respetada hasta hoy por todos los gobiernos y recomendada por la Unesco, le guste o no a María Simon.

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