La abuela y sus joyas

Javier GarcÍa

La ley de participación público privada, conocida como PPP, se aprobó porque el Frente Amplio está en el gobierno, porque si hubiera sido oposición la habría votado en contra. Esta misma ley, artículo por artículo, habría sido rechazada por el actual oficialismo. Esa suerte corrieron otras leyes en el pasado, que fueron rechazadas por el FA como la ley forestal, la de marco regulatorio energético, la de creación de las AFAP, la reforma del puerto, o la desmonopolización de los seguros. Todas fueron estigmatizadas por el Frente Amplio, alguna de ellas fue llevada a referéndum e impugnadas por "enajenar" el patrimonio nacional, por estar al "servicio del capital financiero internacional", o por cuanta maldad anduviera en la vuelta. Sin embargo, las actuales mayorías no derogaron ninguna, lo que podrían haber hecho y para lo cual tienen los votos desde hace siete años. No, las utilizaron sin límites. El colapso vial del que habla Mujica y que fundamentó la PPP es producto de la ley forestal que desarrolló un nuevo sector de la economía y que el FA votó en contra y también de una ley de puerto que transformó una terminal artesanal, sucia y cara por este fenomenal polo logístico que nos abrió al mundo y disparó miles de puestos de trabajo. Estas cosas que el país hoy tiene son a pesar del Frente y no por él. La hipocresía política es tan fuerte que hoy, desde el gobierno, el oficialismo no tiene inconveniente en llegar al extremo de su crisis interna y de sancionar a indisciplinados que dentro de sus ideas son los más coherentes por enfrentarse hoy a lo mismo que ayer.

Presenciamos, con asombro, a dirigentes del FA defender el ingreso de capitales privados e internacionales a actividades como la infraestructura que antes eran catalogados de estratégicos para la soberanía.

Los piratas de ayer se transformaron en los mecenas de hoy que vienen a ayudar al desarrollo progresista del país.

Esta fenomenal voltereta ideológica puede responder a dos cosas: o antes se creía lo mismo pero se les mentía a los militantes y se los impulsaba a juntar firmas como ejercicio de oposición pero no por ideas, o se mutó ahora de las mismas, para lo cual lo único que ha pasado es estar del otro lado del mostrador.

Pensemos, solo por un instante, cuál sería la posición del FA con respecto a Aratirí si estuvieran en la oposición. La nube de cenizas de las praderas que ya habrían incendiado llegaría a la eternidad.

El tema de fondo es la hipocresía en política, el haber trancado al país en iniciativas, en ideas, en desarrollos económicos por el simple hecho de hacer política menor. Porque seguramente se parezca más a las joyas de la abuela entregarle toda la explotación minera a una empresa india, que desmonopolizar la telefonía como en su momento se planteaba. Esta es la joyería de la abuela, no solo sus joyas.

El Frente Amplio no es que está en crisis ideológica, se quedó sin ideología. La lucha de clases que adornaba el discurso de izquierda se deshizo y su crisis política se explica porque sus militantes tienen derecho a saber si en el pasado se les mintió o si la mentira es la de ahora. Pero una hay.

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