Rehenes

Sebastian Da Silva

Pareciera que los astros no están más alineados con el Frente Amplio. Para desgracia de todos los uruguayos, la era de la gran expansión económica está amenazada. La inminente crisis de deuda de la Zona Euro, puede tener contagios inesperados que llevarían al mundo a una nueva retracción similar a la del 2008.

Esto puede llevar a una disminución de la demanda internacional, una desconfianza generalizada y por consiguiente un deterioro de los precios de nuestros productos exportables.

Este panorama demostraría lo que nos hemos cansado de repetir. En Uruguay, el atraso cambiario llevó a que la inflación en dólares se vuelva ingobernable, hace 5 años que la misma es de dos dígitos, y agregado a la incorporación de todos los costos generados en la era frenteamplista provoque nuevamente la inviabilidad del sector exportador nacional con las consecuencias que todos podemos imaginar.

En este contexto deambula el gobierno, no queriendo ver la realidad, enviando una rendición de cuentas que lejos de prever, sigue gastando y creando cargos, y en donde para colmo de males se solicita aumentar la deuda pública.

También deambula en una crisis de identidad. Los dirigentes frenteamplistas siguen conviviendo con sus complejos sesentistas.

No asumen el vértigo de los cambios, la inexistencia de paradigmas alternativos al crecimiento económico, la interacción entre los agentes privados y el estado, el beneficio de la inversión extranjera y mientras tanto desperdician el tiempo en terapias que solamente procuran la justificación de sus actos.

Esto lleva a un cálculo equivocado. Sobreestiman un voto en la Cámara de Senadores y otro en Diputados de los legisladores comunistas que parecieran que se transformaron en el eje de la acción gubernativa.

Rehenes de la llamada Unidad de Acción, se olvidan del resto de la ciudadanía representada en la oposición, la que gustosamente está dispuesta a colaborar para que la marcha del país, se encuadre dentro de un marco de prosperidad y equilibrio.

Dejan entrever un maniqueísmo que hoy conspira contra ellos mismos, prefiriendo la coerción de quienes representan el 3% de los uruguayos a sentarse a dialogar con el resto del sistema político, y hacer lo que hay que hacer, lo que todos los diagnósticos indican que son los debe de nuestra sociedad, y los que la falta de gestión de este gobierno no puede solucionar.

Nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar en el mundo, lo que sí se tiene claro es que hoy el Gobierno está debili-tado por llevar adelante una estrategia que le es propia, y que pasa por denostar a todos los que no somos de izquierda. Con una preten- sión fundacional de un país que gracias a Dios, tiene hace años los pilares de su identidad nacional.

Por tanto, ante un horizonte complicado hay dos posibilidades, una es tomar su propia medicina y ser rehenes de quienes anteponen sus perfiles partidarios a los intereses nacionales; la otra es valorar a otros uruguayos de buena voluntad que no precisamente son frenteamplistas.

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