LONDRES | THE ECONOMIST
El viaje en un taxi londinense desde el distrito financiero de Canary Wharf hasta el Banco de Inglaterra suena como una experiencia británica inimitable. También es una experiencia china. Los taxis negros de Londres son producidos por Manganese Bronze, que es en parte propiedad de Geely, un fabricante de autos con sede en Shanghai, que es propietaria de Volvo.
La Corporación de Inversiones China (CIC), un fondo de riqueza soberano, tiene la tercera mayor participación en Songbird Estates, que controla el Grupo Canary Wharf, la empresa inmobiliaria que está detrás de las torres que dominan la silueta del Este de la ciudad. CIC puede convertirse en inversor en el edificio Citigroup, otro rascacielos que es un hito y está a la venta.
El Banco de Inglaterra todavía no es de propiedad china, pero de manera creciente está rodeado por bancos de ese origen, que han adquirido o alquilado 28.000 metros cuadrados de espacios de oficinas desde que comenzó la crisis financiera. El Banco de China, que está en Londres desde 1929, recientemente se mudó a una nueva y lujosa sede que mira hacia el Banco Central. Más adelante en el camino, en la calle King William, los contructores trabajan dentro de la futura sede de ICBC, otro gigante estatal.
Esos visibles signos de la intrusión china alimentarán las preocupaciones de muchos europeos. Una encuesta realizada por el Servicio Mundial de la BBC, en marzo, descubrió una creciente preocupación por el giro hacia el Este del poder económico: la mayoría de los alemanes, italianos y franceses tiene una visión negativa del ascenso de China. Los estadounidenses y canadienses tienen sentimiento similar.
Las elites políticas europeas tiene menos desasosiego. Una huelga de compradores en los mercados de deuda soberana ha dejado a muchos países de la eurozona en dificultades pensando si China puede ser la respuesta a sus oraciones. En una gira con alfombra roja por varias capitales europeas hace dos semanas, el primer ministro de China, Wen Jiabao dijo que su país continuaría comprando bonos del tesoro denominado en euros. Delegaciones han viajado ida y vuelta entre Pekín y Atenas, Lisboa y Madrid para jurar eterna amistad y ver si China podría ser tentada a poner dinero para ayudarlos.
No sólo los gobiernos están desesperados por el capital chino. Saab, un fabricante de autos sueco en dificultades, intenta vender participaciones a dos empresas chinas, con la finalidad de asegurar su futuro. Victor Meijers, un holandés quien es el único socio extranjero global del Estudio Jurídico DeHeng -uno de los principales de China-, dice que recibe varias consultas por mes de empresas europeas que enfrentan problemas y buscan un caballero en armadura china que la salve.
A decir verdad, China no es ni el salvador ni el destructor de Europa. Pero, probablemente Europa sienta la fuerza de la expansión china hacia el exterior antes que Estados Unidos. A Europa puede considerársela geopolíticamente irrelevante, pero los chinos se sienten mejor recibidos allí que en Estados Unidos, donde a una empresa petrolera china le impidieron comprar Unocal, en 2005, un hecho que todavía tiñe las percepciones. Discutiblemente, las empresas europeas tienen mayor necesidad de efectivo que las estadounidenses. Las enormes tenencias chinas de bonos del Tesoro le dan el incentivo para diversificarse en otros mercados.
TRIPLE. Al analizar las incursiones económicas de China en Europa, ayuda hacer una división en tres categorías. Primero, están las inversiones financieras del Estado, a través de organismos como CIC y la Administración Estatal de Cambio Exterior (SAFE, según la sigla en inglés por la que se la conoce), que administra las vastas reservas internacionales del país. En segundo lugar, están las inversiones privadas que realizan personas ricas y, gradualmente, empresas con acciones. En tercer lugar, aparece el avance de las corporaciones.
En cuanto a los flujos oficiales, los datos respecto de lo que invierte China son incompletos, pero al menos quedan en claro dos cosas: China tiene el deseo declarado de diversificar sus tenencias para no contar sólo con dólares, y la eurozona parece la alternativa natural. El analista de monedas del banco estadounidense BNY Mellon, Simon Derrick, admite que alrededor de la cuarta parte de las reservas chinas que superan los tres billones de dólares están ahora en activos denominados en euros. Si se tiene en cuenta el reciente ritmo de acumulación -alrededor de US$ 200.000 millones por trimestre- se puede estimar que entre US$ 150.000 y US$ 200.000 millones de las reservas chinas encontraron su camino hacia la eurozona desde el último verano del hemisferio Norte. Algunos miles de millones pueden haber sido destinados a activos en libras.
Flujos de esa escala ayudan a explicar por qué el euro ha seguido con un desempeño mejor del esperado, teniendo en cuenta la crisis de la deuda soberana de la zona. Sin embargo, también puede ser una señal de debilidad que vendrá. El deseo de China de enlentecer la tasa a la que construye sus reservas puede reducir la demanda de activos en euros. "Eso podría significar valores radicalmente diferentes para el euro", dijo Derrick.
Es cuestión de adivinación saber cuánto dinero oficial chino ha encontrado su camino a países periféricos de la eurozona. El integrante del fondo de cobertura SLJ Macro Partners, Stephen Jen, piensa que los chinos pueden haber estado comprando tanta deuda de los países en dificultades como lo ha hecho el Banco Central Europeo. Sus motivos pueden ser, en parte, políticos: Jen observa ásperamente que los europeos no han tenido nada que decir recientemente sobre el valor del yuan. También hay una lógica comercial: los bonos españoles tienen la promesa de un lindo retorno si se piensa que la crisis de la deuda no seguirá avanzando.
freno. La generosidad tiene un límite. Los anuncios españoles exuberantes de que los chinos estaban a punto de poner dinero en los bancos del país en dificultades, fueron rápidamente derribados. La esperanza de una corriente de capital chino hacia Grecia no se ha materializado. El apoyo de China a países tambaleantes podría reducirse a medida que se acerca 2013: en ese momento, un nuevo fondo de deuda soberana podrá promover los reclamos de los gobiernos europeos por sobre los de otros acreedores.
Las autoridades chinas quieren diversificarse aún más en activos verdaderos, incluyendo empresas. Por ejemplo, se ha informado que a CIC le darán entre US$ 100.000 millones y US$ 200.000 millones en reservas para invertir y parte de ese dinero llegará a Europa. Pero el ritmo será mesurado. Las inversiones por parte de un Estado pueden ser políticamente sensibles. Muchas de las apuestas de CIC son hechas a través de terceros. Donde tiene participación directa, hasta ahora ha mostrado poca inclinación a interferir en la administración de las empresas.
Por ejemplo, el enfoque de CIC respecto de las inversiones inmobiliarias ha sido de aliarse con socios con experiencia, a través del Grupo Canary Wharf, para abordar proyectos de largo plazo en el mercado más desarrollado del continente. A través del grupo, los chinos también tienen un interés en un desarrollo de oficinas en Londres conocido como Walkie-Talkie, que no será inaugurado hasta 2014 y luego necesitará tiempo para ser alquilado.
La atracción de CIC es obvia para sus socios. Además del abundante dinero, también proporciona a los ocupantes chinos del mañana. Consultores inmobiliarios ya informan de crecientes consultas de empresas chinas por espacio de oficinas. Los expertos consideran que CIC invertirá en lugares de residencia para estudiantes, que podrán ser llenados por jóvenes chinos que concurren a universidades de Gran Bretaña.
abundante. Si el flujo de capital estatal a Europa está relativamente avanzado, la llegada de capital privado continental es un fenómeno mucho más joven. Una encuesta reciente realizada por la consultora Bain & Company y el Banco Mercantil de China, estimó que el número de personas con activos disponibles para inversiones con un valor superior a los 10 millones de yuanes sería, este año, de alrededor de 600.000. Están cada vez más listos para colocar su dinero en el exterior. De acuerdo a lo que señala Johnson Bing, de la consultora Bain, los chinos ricos han duplicado la proporción de sus portafolios de inversiones en el exterior, del 10% en 2009 a 20% en el presente año.
La mayor parte va a Hong Kong y Singapur, pero parte se encamina hacia Europa. Existen los controles cambiarios, pero con tanta liquidez en China en estos momentos, resulta más fácil obtener la aprobación. Los bienes inmuebles, el activo preferido de los inversores chinos, está nuevamente en foco y Londres vuelve a ser el objetivo principal en Europa, gracias a la debilidad de la libra, un régimen impositivo amigable y, con frecuencia, planes para dar a los hijos una educación británica.
Los chinos continentales son el grupo de más rápido crecimiento entre los compradores extranjeros de las propiedades más caras en la zona central de Londres, señala James Thomas, de la consultora inmobiliaria Jones Lang LaSalle.
Giras para promover desarrollos inmobiliarios en Londres, que anteriormente iban a Hong Kong y Singapur, ahora se dirigen al continente, debido a que los bancos chinos y los estudios jurídicos occidentales se unen para ofrecer consejos a promitentes compradores sobre financiamiento e impuestos.
Aseguraron la energía y los recursos naturales
El flujo de capital privado no es impulsado sólo por la riqueza individual. Quizás el área más sensible de la marcha de China es el de las corporaciones, a medida que las empresas y sus financistas miran al exterior.
En este proceso, no debe exagerarse la importancia de las economías desarrolladas de Occidente. En gran medida, China se ha concentrado hasta ahora en inversiones en Asia, África y América Latina, que le aseguran suministros de energía y recursos naturales. Europa es el mercado de destino de los bienes chinos, no donde se producen. El mayor acuerdo anunciado este año en Europa con participación china es la compra por US$ 2.200 millones que hizo la Corporación Química Nacional China de Elkem, un productor noruego de polysilicona, que es un componente clave de los paneles solares. Se dice que Islandia, que está convenientemente cerca del Ártico rico en petróleo, es sorprendentemente popular con los visitantes de China. Sin embargo, los datos sobre las inversiones directas externas de China muestran que Europa representa apenas 3,5% del stock de esos activos del país. Los acuerdos individuales pueden hacer la gran diferencia en las cifras.
En este caso, los datos tampoco cuentan toda la historia. El dinero del continente y de Hong Kong, con frecuencia, está mezclado. Abrir representaciones, que después pueden ser rápidamente ampliadas, no tiene un gran costo. Las cifras también pueden ocultar el alcance de la influencia china.
Walid Sarkis, de la empresa Bain Capital, dice que la inclinación del poder económico hacia el Este está convirtiendo naturalmente a las empresas europeas en chinas y asiáticas. Los ingresos y el crecimiento dependen de manera creciente de esas zonas del mundo.
PRESTIGIO. La tendencia de las inversiones hacia el exterior es evidente. Christian Milli, de la Universidad de París Oeste, quien ha ayudado a compilar una base de datos de flujos de inversiones chinas a Europa, indica que los acuerdos continúan sin declinación pese a la crisis financiera, mientras los de empresas de India se contraen.
Las inversiones ocurren por toda suerte de motivos. Los bancos chinos quieren ofrecer servicios a las empresas de ese país a medida que se expanden en el exterior y a las europeas que buscan un banco con el que puedan trabajar en China. También tienen mucho por aprender en un lugar como Londres en materia de transacciones cambiarias y derivados, especialmente a medida que el yuan se internacionaliza.
También la compra de empresas prestigiosas, asegura marcas de primer nivel para competir en la propia China con los fabricantes de autos occidentales, a la vez que apuntan sus marcas al mercado masivo.
Alemania se ha convertido en un ámbito de búsqueda preferido para las empresas industriales que quieren ascender en la escala de valor de la ingeniería y la tecnología. the economist
La cifra
18.600 millones de dólares tiene China como participación en empresas, a lo largo del índice FTSE 100 de la Bolsa de Londres.