La odisea del periodista secuestrado por talibanes

Pesadilla. Acusado de ser un militar francés, lo amenazaron y llevaron a varios escondites

PARÍS | AFP

Hervé Ghesquiére es uno de los dos periodistas secuestrados durante 18 meses llevados a varios escondites en Afganistán y acusados de pertenecer a la Legión Francesa.

Uno de los dos periodistas franceses liberados la semana pasada tras 547 días de cautiverio en Afganistán aseguró que la misión durante la cual fueron secuestrados había sido "la mejor preparada" de su viaje a ese país del que no puede olvidar la "luz blanca de Apocalipsis" de aquel 30 de diciembre de 2009.

Acusados de ser "espías del ejército francés" desplegado al noreste de Kabul, Hervé Ghesquière y Stephane Taponier, ambos de 48 años, periodistas del canal de televisión público France 3, fueron liberados hace unos diez días.

"Viajábamos en un Corolla blanco. Llevábamos un manta de lana sobre el hombro, como los afganos, y un pakol (gorro) de lana", explica Hervé Ghesquière por teléfono desde Lille, norte de Francia, donde se reencontró con su madre de 84 años y su compañera, Bea.

Aquel 30 de diciembre de 2009 efectuaban la misión "mejor preparada" de su cobertura en Afganistán después de haber pasado tres semanas con las tropas franceses. Querían imágenes del "eje Vermont", una ruta al noreste que el ejército quería pavimentar para descongestionar la capital. "Sólo queríamos algunos planos, que no sólo se viera el aspecto militar con los soldados franceses", asegura Hervé.

Hervé, Stéphane, Reza, su intérprete y dos acompañantes afganos, salieron muy temprano y filmaron la construcción de un puente. "Imágenes de obreros, de capataces, muy interesante", recuerda.

Llegan entonces a un check-point del ejército y de la Policía afganos y preguntan si "hay operaciones en curso en la zona". Los afganos no lo saben.

"Dos semanas después supimos que habíamos sido vendidos por un talibán infiltrado en el primer control", dice antes de explicar que un poco más adelante en ese camino, se cruzaron con un blindado de la Legión francesa.

"El legionario nos dijo que no habían ido más lejos. Lo pensamos y decidimos avanzar y filmar el inicio de la ruta pavimentada", agrega.

"Y al llegar a Omarkehil, hay polvo y una luz muy blanca, muy hermosa con sabor a Apocalipsis. Cuando vemos que un hombre duda en cruzar. Se da vuelta y nos apunta con su Kalachnikov. Llegan dos talibanes y luego más", relata Hervé Ghesquière que recuerda la ametralladora apuntándole "a la columna vertebral".

"Nos quedamos inmóviles", asegura, antes de continuar.

Los llevaron a una aldea, donde los vecinos y los niños les sacan fotos y después los trasladan a una mezquita donde el molá les acusa de "ser espías del ejército francés".

Dieciocho meses pasaron cambiando de casa, de secuestradores y de valles, en en la provincia afgana de Kapisa, al final de un valle, a menos de 100 km de Kabul, de "escondrijos sórdidos" a "habitaciones inmensas, luminosas y heladas", asegura, donde "hablaba en voz alta todo el día".

"Aunque no siempre estaba de acuerdo conmigo", confiesa. "Tu mente se desdobla, haces proyectos ... Si no piensas en la verdadera vida, te mueres", agrega, antes de recordar la dureza en el trato con "Dranak" uno de sus peores carceleros, hermano mayor de Qari Baryal, el jefe talibán de la región, y con quien llegó a trompearse.

Pensó en "levantarlo" y "ensartarlo como el héroe de la película `Midnight Express`"...pero no fue así. "Nos soltamos y volví debajo de mi mosquitero", confiesa el periodista.

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