Repudian a esposas tras ser violadas

Muchas veces, en el Congo, las violaciones derivan en contagios

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Nakiele | "Mi marido ya no acepta compartir cama conmigo. Duermo en el suelo", se lamenta Adela que, como otras mujeres, sufre de abandono y desprecio desde que confesó haber sido violada en junio por soldados en Nakiele, en el este de la República Democrática del Congo (RDC).

"Mi marido rechaza también la comida que le preparo. Come lo que le preparan mis hermanas. No entiendo por qué hay que abandonarme", agrega la joven de 19 años, madre de un bebé de seis meses que padeció reiteradas vejaciones.

El día. En Nakiele, un pueblo de 12.300 habitantes encaramado a la cumbre de una colina en el territorio de Fizi, 121 mujeres declararon al médico del hospital que unos soldados las habían violado el 11 de junio por la noche.

El 11 de junio a última hora de la mañana, en cuanto llegaron 150 soldados desertores, bajo el mando de un coronel que en su día perteneció a una milicia Mai Mai, los hombres escaparon y no se los pudo capturar.

Abandonaron a las mujeres y a los niños por miedo de que los militares los utilizaran como porteadores puesto que si se niegan les pegan.

Sólo se quedó un puñado, como el jefe de la aldea y el médico del hospital junto con los enfermeros. En otros dos pueblos cercanos, otras 127 mujeres afirman haber sido violadas.

Durante las sucesivas operaciones emprendidas desde 2009 contra los grupos armados en la región, los soldados van por los pueblos y "piden raciones, una cabra, y a las mujeres no las tocan. Pero esta vez acabó mal", explicó el jefe de la localidad de Nakiele, Losema Etamo Ngoma.

Cuando su marido volvió a casa el 12 de junio por la mañana, después de que se fueran los soldados, Sifa, de 20 años, le contó que la habían violado.

"Me dijo que ahora era una mujer de militar, que debía seguir a los soldados y no quedarme. Pero todavía no me echó. No entiendo por qué dice eso", explica mientras ata y desata mecánicamente el nudo que le permite llevar a su bebé.

Costumbre. En la República Democrática del Congo la violación suele ser un tabú. Las víctimas se callan por miedo a que sus maridos, sus familiares y la comunidad las repudien.

En Nakiele, las mujeres "tuvieron la valentía de decirlo, hubo un problema colectivo, y la sensibilización de una ONG para que lo contaran", destaca Eugène Byamoni, un psicólogo que escuchó a unas cincuenta de ellas el 16 y 17 de junio.

"Me da vergüenza pasar por el pueblo. Soy objeto de críticas, de burlas, dicen que soy una mujer de militar, portadora de enfermedad (el sida)", comenta en voz baja Dekila, de 28 años. Su marido le dijo "que se fuera y dejara la cama".

"Hay que reunir a los hombres y a las mujeres, sensibilizarlos, explicar que la desgracia que sucedió no es culpa de la mujeres", añade.

"Desde que estalló este problema, reuní a un grupo de diez sabios para hablar con estos hombres, para que aún puedan vivir con estas mujeres, decirles que lo que ocurrió a las mujeres fue forzado, contra su voluntad, y que deben aguantarlo", asegura el jefe de la aldea.

Estados Unidos afirmó estar "profundamente perturbado" por la violación masiva de mujeres ocurrida en el Congo el mes pasado. "Condenamos fuertemente estos severos abusos a los derechos humanos", dijo la portavoz del departamento de Estado Victoria Nuland en una declaración. Funcionarios estadounidenses están trabajando junto a autoridades congoleñas.

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