Ignacio de Posadas
Hay cómicos que lo son; otros no. El último ejemplar del semanario Búsqueda (07/07), transcribe afirmaciones de dirigentes políticos y funcionarios jerárquicos, del siguiente tenor:
-La propiedad por extranjeros de tierras equivale a pérdida de soberanía del país. Deteriora las posibilidades del Estado de controlar su territorio y eso es peligroso, porque los conflictos armados futuros serán por los recursos naturales.
-El aumento de la población mundial llevará a mayor demanda por alimentos y esto a conflictos.
-Uruguay debe tomar medidas para tener "seguridad alimentaria".
-Existe la posibilidad de que alguna multinacional ataque (al Uruguay), para comprar la mayor porción del territorio.
-Hay riesgo (esto sí que parece grave) de que nuestros vecinos quieran "tomar a su cargo" nuestro territorio. (Página 4)
Antes de que desemboque en algún chiste (más) malo, apliquemos a tan sesudas consideraciones un poco de sentido común.
¿Cuánto hace que hay en el Uruguay extranjeros dueños de tierras? Porque estancieros charrúas, guenoas y arachanes no han de quedar muchos.
¿Pasó algo con esa gente? ¿Conspiraron contra el país? ¿Han sido peores productores que los orientales (hijos, todos, de extranjeros)? En la agricultura, por ejemplo, ¿no han resultado para el país formidables motores de docencia y progreso?
¿Y qué es lo que podrían hacer con la tierra para perjudicarnos? ¿Correr la frontera?
¿Qué tiene la tierra de peligroso que no lo tienen la producción de gas, el suministro de petróleo, la fabricación de hierro, cemento, medicamentos, bebidas, alimentos, maquinaria, etc., etc? A propósito del petróleo: siguen repitiendo que su refinación es algo estratégico para el Uruguay y que por ello debe estar en manos, ya no de orientales, sino del Estado Oriental. ¡Como si nos serviría de algo la refinería en caso de que los tales enemigos externos nos corten el suministro de petróleo crudo! Somos tan dependientes con refinería como sin ella, (salvo que contabilicemos la dependencia corporativa, en cuyo caso estamos bastante peor con ella).
Por otra parte, ante alarmas como las expresadas, lo menos que uno debe preguntar a sus voceros es ¿a quién tenemos que temer? Por lo que dicen, es a nuestros vecinos. Pero, entonces, ¿para qué estamos en el Mercosur, que nos obliga a no poner impedimento alguno a la compra de tierras por parte de argentinos y brasileños?
¿Nuestro presidente insiste en pedir bolada en el estribo del Brasil cuando su gente cree que los brasileños quieren "tomar a su cargo" nuestro territorio y privarnos -presumiblemente por la fuerza- de nuestros alimentos?
Y hablando de alimentos: ¿de dónde sacaron estas teorías neomalthusianas, de que la población mundial crece más que la producción de alimentos? Es al revés y de lo que deberían preocuparse, en vez de jugar a modernos Richelieus, es de que se enfríe la demanda por aquello que vendemos.
Nadie va a invadirnos para robarnos la producción agropecuaria, (cuya industrialización y comercialización nunca ha estado tan "extranjerizada" como bajo los dos gobiernos frentistas); ningún extranjero que haya comprado campo (y nunca hubo tantos como bajo los dos gobiernos frentistas), va a prestarse para otra cosa que no sea cuidar su inversión y hacerla rentable y no existe posibilidad alguna de vernos envueltos en galácticos o apocalípticos conflictos bélicos por la búsqueda de pretendidas seguridades alimentarias. Pura fantasía.
En el tema de las privatizaciones, contra el que volvió a arremeter el ala sindical del Frente Amplio, hay al menos una explicación política y económica (y que tiene lógica desde su óptica): no quieren largar el poder que tienen sobre la sociedad, ni la vaca atada, de la que viven varios miles. Pero estas elucubraciones pseudo-geopolíticas son ciencia ficción.
La ciencia ficción es aun más peligrosa que la improvisación, y la conjunción de ambas puede ser letal.