Ficha
EEUU/España 2011. Título original: Midnight in Paris. Dirección y libreto: Woody Allen. Fotografía: Darius Khondji, Johanne Debas. Montaje: Alisa Lepselter. Dirección artística y diseño de producción: Anne Seibel. Intérpretes: Owen Wilson, Rachel McAdams, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Marion Cotillard, Yves Heck, Kathy Bates, Carla Bruni.
Las palabras "encanto", "melancolía", "nostalgia" y hasta "Cenicienta" surgen casi espontáneamente antes de que el cronista se disponga a escribir una frase sobre la nueva película de Woody Allen. Por supuesto, hay otra palabra inevitable, pero ya está en el título mismo del film: el nombre de la ciudad de París.
Las panorámicas de la ciudad se encadenan una a otra en la secuencia previa a los créditos, del mismo modo que Nueva York (con la Rapsodia en azul de Gershwin como fondo) estaba en Manhattan (1979). Antes de comenzar su historia, Woody emite su declaración de amor hacia la ciudad más hermosa del mundo, y hasta se permite un "plus" que la realidad no autoriza: la muestra prácticamente despojada de población local. Hace ya unas cuantas películas que el neoyorkino por antonomasia había revelado una vocación viajera (impuesta, admitámoslo, por los productores), e hizo cosas interesantes con Londres y menos con Barcelona (incidentalmente, también había filmado una parte de Todos dicen te quiero, 1996, en París, pero se trataba solamente de un fragmento). Sin embargo, tuvo que volver a la capital francesa y dejarse atrapar por ella para recuperar una inspiración que parecía haber perdido hace ya bastante tiempo.
Precisemos. Allen sobrevivió bastante bien en sus más recientes películas "serias" como Match Point (2005) y El sueño de Cassandra (2007), pero los mejores años del comediógrafo parecían haber quedado definitivamente atrás. Por supuesto, reencontrarse con Woody es algo así como visitar, todos los años, a un viejo amigo, y por eso se le perdonan cosas como La maldición del Escorpión de Jade (2001), La mirada de los otros (2002), Melinda y Melinda (2004) o Scoop (2006), aunque resulte más difícil tolerarle Celebrity (1998) o La vida y todo lo demás (2003). Pero hasta el más impenitente fanático alleniano podía sospechar que el "gran Woody", el de Zelig (1983), Broadway Danny Rose (1984), La rosa púrpura del Cairo (1985) o Hannah y sus hermanas (1986) no iba a regresar jamás.
Bueno, aquí está de vuelta. O casi. Y el "casi" tiene que ver con La rosa púrpura de Cairo, que sigue siendo la mejor película de Woody, y tal vez la única suya que hay que llevarse, imprescindiblemente, si uno se va a una isla desierta.
Pero "casi". Y curiosamente, hay algo de La rosa púrpura en esta incursión parisina de Woody, al menos en lo que tiene que ver con su manejo de la fantasía, el entrecruzamiento de la realidad y lo imaginario, el carácter de cuento de hadas. El exitoso guionista hollywoodense que quiere ser un escritor serio (Owen Wilson, marcado pa- ra que hable y gesticule como el propio Woody, al igual que el Kenneth Branagh de Celebrity) viaja a París con su novia (Rachel McAdams) y sus futuros suegros, vacila sobre su talento de escritor y su relación sentimental, y cuando las campanadas dan la medianoche, Cenicienta al revés, se ve lanzado a, y no expulsado de, un universo mágico: el París de los años veinte, donde alternará con la "generación perdida" norteamericana y otros famosos (Hemingway, F. Scott y Zelda Fitzgerald, Gertrude Stein, Josephine Baker, T.S. Eliot, Man Ray, Alice B.Toklas, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Pablo Picasso y algunos más; el personaje de Marion Cotillard, que sintetiza varias amantes de Picasso, es en cambio una invención de la película).
El mecanismo permite por supuesto el despliegue de humor intelectual que suele ser una de las mejores armas de Woody, y el solo dato de que el "viajero del tiempo" Wilson pudo ser quien le sugiriera a Hemingway una de sus mejores frases, y a Buñuel nada menos que el argumento de El ángel exterminador (1962) ya justificaría el precio de la entrada.
El film se enriquece empero, permanentemente, con otras pinceladas de humor, la exquisitez fotográfica para registrar algunos de los más hermosos rincones de la ciudad, y una idea central que ha generado algunos equívocos. En efecto, se ha querido ver en el film la ilustración del cliché de que "todo tiempo pasado fue mejor". A la luz del final, sobre todo, conviene repensarlo.