Muerte en las calles

Corro con la responsabilidad del caso, pero no se puede permitir que sigan pasando estas cosas". Esas habrían sido las palabras del presidente Mujica al ordenar la internación obligatoria de las personas sin techo, cuya situación con la presente ola de frío ha llegado a ser tan crítica que ya han habido seis muertes por hipotermia. Desde hace varios días era conocido el malestar del mandatario con las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social ante este tema. Un malestar que, por otra parte, es totalmente compartible.

Desde su creación bajo el gobierno anterior, y no obstante contar con un importante presupuesto, la tarea de ese ministerio ha dejado mucho que desear, particularmente en lo que se refiere a la atención de las personas en situación de calle. Pese a los permanentes estudios, a los cientos de funcionarios, asistentes sociales, sociólogos y técnicos que allí trabajan (casi todos en planilla del Partido Comunista), es imposible saber a ciencia cierta cuántas personas viven en la calle. Y lo que es peor, no se cuenta con un sistema de refugios con una calidad mínima para atenderlos. Las últimas cifras disponibles dicen que serían unas 1.200 personas, pero los cupos disponibles en los refugios son solo 800. Además, los indigentes suelen negarse a acudir a los refugios, los cuales denuncian están en pésima situación de higiene, tienen horarios incompatibles con su forma de vida, o restricciones para el ingreso con animales o pertenencias.

Ahí parece estar la clave del problema. Y no es algo que se solucione con internaciones compulsivas, como las que promueve la senadora Mónica Xavier, quien en una reciente columna de prensa llegó a sostener que "puede presumirse racionalmente que las personas en situación de calle no están sanas física o síquicamente". Que un político pueda "presumir" sobre la salud mental de un ciudadano ya es alarmante. Ahora si encima el Estado no tiene lugares a donde llevarlos, ¿qué se gana con esto?

Pero casi más grave que su ineficacia, los funcionarios del Mides han mostrado un sectarismo ideológico payasesco a la hora de justificar sus carencias. Días atrás el subsecretario Lauro Meléndez sostenía muy suelto de cuerpo que "todas estas personas son víctimas de un modelo socioeconómico aplicado particularmente en la década del 90". Mientras la gente se muere de frío en las calles, los capitostes del ministerio creado hace ya siete años para atenderlos, se desentienden de su responsabilidad para acusar a un supuesto modelo económico (que en Uruguay nunca fue aplicado) de hace dos décadas.

Y si eso no era suficiente como para generar la indignación de buena parte de la ciudadanía, la encargada del área de asistencia social de la intendencia de Montevideo, Sara Ribero, le pide a la gente que no colabore con los indigentes dándoles frazadas o comida, porque "no queremos que la gente se sienta muy cómoda viviendo en la calle". "Si nosotros les generamos un ambiente agradable en la calle, esa persona no va a querer salir de ahí". En vez de dedicarse a hacer esas reflexiones de alto vuelo político y sociológico, los burócratas mencionados deberían preguntarse por qué luego de años de crecimiento económico, y de la creación de un ministerio específico para atender a la gente más humilde, el Estado no consigue ofrecer un sistema de respuesta suficiente, completo, y mínimamente decoroso, como para que la gente no prefiera morirse en la calle, antes que ir a un refugio. Y eso que el estándar de exigencia de alguien que vive bajo un puente no debe ser tan alto.

Lo peor es que Ribero tiene algo de razón. Los ciudadanos no deberían salir a darle colchones, frazadas y comida caliente a la gente que está en la calle. Deberían ir al Mides y al la intendencia de Montevideo, a exigirles cuentas a estos funcionarios de qué se está haciendo con los millonarios recursos que mes a mes el Estado les extrae a través de impuestos. Y, en vez de seguir gastando de sus flacos bolsillos para tener un gesto de solidaridad con la gente que la está pasando mal, reclamarle a estos burócratas que hagan bien su trabajo. O que se vayan para su casa.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar