El drama de las personas en situación de calle se cobró su quinta víctima y parece la hora de terminar con la bobada de echarle la culpa al "modelo socioeconómico aplicado en los 90", -como dijo el subsecretario del Ministerio de Desarrollo Social, Lauro Meléndez- y buscar soluciones antes que lamentemos la sexta.
El art. 7 de la Constitución, dice que "los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida...", lo que significa, ni más ni menos, que el Estado tiene la responsabilidad de velar por la vida de sus ciudadanos.
Los parques públicos, las calles y los zaguanes no son el lugar donde las personas deben pasar las noches, menos cuando el frío arrecia. El Mides cuenta con considerables recursos, suficientes para asegurar abrigo, comida y una cama a las 500 personas que se calcula se hallan en situación de calle. ¿Por qué estas personas se resisten a concurrir a una noche bajo techo?
Puede ser porque alguna no esté en todos su cabales y entonces corresponde la conducción compulsiva, o puede ser que sea normal y se resista por las penosas condiciones que se le ofrecen en esos albergues. Tan penosas y agresivas que prefieren desafiar el impiadoso frío de la noche antes que sufrir todo lo que rodea a una noche en un refugio. Y eso no es culpa de políticas neoliberales de los 90, sino de lo que ofrece el Estado y, concretamente, el Mides del año 2011.
Lo que ha hecho hasta ahora el Mides y la IM es exhortar a los ciudadanos a no ayudar a las personas en situación de calle "para no acostumbrarlos". El asunto es que el tema no pasa por ahí, sino en asegurar a esa gente las condiciones mínimas compatibles con su carácter de seres humanos.
Y eso es lo que falta.