Chávez

Finalmente se sabe lo que le ocurre al presidente venezolano Hugo Chávez. Después de 22 días, emergió para anunciar que padece cáncer y que ya ha sido sometido a dos operaciones. A diferencia de lo que es habitual en él, su discurso, emitido desde La Habana, fue breve: sólo 15 minutos para decir que con la ayuda de Dios está superando su difícil cuadro de salud y que empieza a ver de nuevo el amanecer.

Es una buena noticia. Es de esperar que logre dicho objetivo y que retorne a Caracas a tiempo para celebrar, el martes, el bicentenario de la independencia de Venezuela.

Lo que merece crítica es la confidencialidad respecto de su circunstancia. Circularon especulaciones diversas acerca de por qué se había internado en Cuba, cuál era su situación allí, si significaban algo sus fotos acompañado por los hermanos Castro y varias versiones más. A lo que se agregaron declaraciones ambiguas, como las del canciller Nicolás Maduro, quien afirmó que Chávez seguía al mando del gobierno pero que estaba dando "una batalla por su salud".

¿Por qué, si se sabía gravemente enfermo, no delegó el mando en su vicepresidente legal y gobernó e insiste en seguir gobernando desde el lugar de residencia que le ha brindado la dictadura comunista cubana? ¿Teme que si cede el puesto ello sea aprovechado por alguien para sustituirlo en forma permanente? ¿Tiene planes respecto de su sucesión que no incluyen al vicepresidente? ¿Figura en esos planes su tan mentado hermano Adán? Todo esto tendrá respuesta a su debido momento, pero por ahora estamos ante una suma de incógnitas típicas de las que suelen darse en coyunturas de esta clase bajo gobiernos que desconfían de la institucionalidad democrática.

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