De locos

Vivimos tiempos de inversión de la escala de valores, del piso al tope de la calesita, en una sociedad que supo distinguirse por su ponderación y su sobriedad.

El valor más agredido por los gobiernos recientes, es el del respeto al Derecho. Los principios generales de Derecho no cambian, no entran en obsolescencia, mal que le pese a alguna señora que con investidura magisterial quebrantó deberes éticos según sus superiores, pero sin afectar -dijeron- su imparcialidad.

Y han sido y siguen siendo objeto de un reiterado manoseo impúdico por parte de iniciativas y realizaciones gubernamentales.

El ejemplo más elocuente y grosero fue el de la "Interpretativa" que -pergeñado en la Cancillería a instancias del Presidente que luego renegó del despropósito- gracias a un golpe de suerte no prosperó y así se salvó del enchastre a una tradición jurídica nacional reconocida como seria y honesta.

Pero las cosas no terminaron allí. Hoy asistimos al empeño por declarar la nulidad de los plazos de prescripción por delitos cometidos durante la dictadura.

Es otra barbaridad. Que legisladores oficialistas apañen estos disparates no extraña, porque ya impusieron la regla del vale todo. Pero que el dirigente sindical Juan Castillo se permita discrepar públicamente con un fallo de la Suprema Corte de Justicia, es el colmo.

La gente no tiene idea, ni le interesa tenerla, sobre qué y por qué se discute. No es bueno que no se perciba la extravagancia de esta desubicación. Pero quizá sea mejor continuar, por ahora, viviendo en el país de Alicia, hasta que el sueño termine.

Más duro resultará el despertar.

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